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DE ZORROS - Y depredadores de dos piernas...

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13-12-2007 - DE ZORROS
Los zorros, al igual que otras especies, están en franca decadencia. La razón: falta de alimento, de agua, de medio natural sosegado para reproducirse y construir madrigueras y por exceso de explotación cinegética.


No hay comida porque no hay perdices ni conejos, su principal fuente de alimento y no los hay por, prácticamente, las mismas razones que no hay zorros, además de otras…


Una de las pruebas más palpables de que no hay conejos silvestres en el monte, es el hecho de que, para cazar esta especie, al igual que la perdiz o el faisán, deben ser previamente “sembrados” los montes con estos animales. Como, además, estas repoblaciones se hacen pocos días antes de la temporada de caza, los animales, mansos, no tienen tiempo de encontrar lugares para comer, beber o guarnecerse, están completamente desorientados y desprotegidos, asustados en un medio que desconocen y se mueren de hambre, sed, comidos por los gatos (cuya población se halla totalmente disparada porque nadie en los pueblos se encarga de controlar su reproducción) y, los pocos que quedan, son eliminados los primeros días de caza, a veces por los mismos que allí los dejaron, sin tiempo a que se acostumbren al monte, a que se reproduzcan y a que constituyan una población asentada, estable y adaptada al medio.


En estas circunstancias, tanto la perdiz como el conejo, dejan de ser una fuente de alimento estable para el zorro, el cual debe sobrevivir rebuscando en los basureros y entrando en los pueblos en busca de cualquier cosa con la que sobrevivir. Justamente una de las razones de que los “paisanos” digan que ven zorros en el pueblo, no es porque haya muchos es porque, el zorro, un superviviente nato, no se conforma con la suerte del conejo de morir de hambre y como animal silvestre que es (los que quedan) está acostumbrado a “buscarse la vida”.


Es de destacar la desaparición de los conejos, una especie que se reproduce con gran facilidad y abundancia y que en el monte era prácticamente autónomo.


La razón de este descenso abrupto en su población, como se dijo antes, hay que buscarla en la destrucción del hábitat, la contaminación y desaparición de manantiales (los manantiales se han reducido en cantidades asombrosas en solo 40 años), los incendios y sobre todo, en la caza deprecatoria que, igual que con el jabalí, se practica con el conejo.


El conejo era cazado, tradicionalmente, en las proximidades de los pueblos ya que, desplazarse al medio del monte, donde estaban los principales criaderos, en invierno, era demorado y penoso. De esa manera, los animales que cazaban los vecinos del lugar, eran los que salían del territorio original e iban a repoblar lugares mas distantes de sus criaderos primarios, encalvados estos en la espesura del bosque, en lugares altos y con bastante sotobosque, en los que abundaban los grandes peñascos bajo los cuales construían sus madrigueras.


La apertura de pistas, muchas de ellas por parte de alcaldes cazadores y demagogos que lo hacían a pedido de los cazadores, para “poder cazar mejor”, fue reduciendo las zonas de expansión del conejo por eliminación de las colonias más alejadas de los criaderos originales Esto creó un círculo vicioso cuando, los cazadores, ahora ya más abundantes y procedentes de la ciudad, reclamaban más pistas porque los conejos que quedaban no eran accesibles y los anteriores habían sido eliminados, con lo cual, la desaparición de colonias se iba acercando cada vez más al criadero primigenio hasta que, finalmente, hoy en día, las pistas llegan a esos, antiguamente, recónditos lugares, con lo cual los “cazadores” pueden acceder con vehículos a la misma matriz de la colonia, que generaba a las demás y allí han eliminado el origen mismo del conejo autóctono.


Desaparecida la población de conejo, autóctono y autosuficiente, es obvio que el zorro se queda sin su principal fuente de alimentación.


Este animal, el zorro, nunca fue pieza de caza ya que su carne no es comestible y su piel, perforada por los perdigones, no tiene valor comercial. La muerte de alguno de estos animales, en jornada de caza artesanal, lo era por un capricho o diversión ya que no valían el cartucho que se gastaba. A pesar de ello su población nunca se disparó y siempre estuvo autorregulada en función del territorio y del alimento disponible. Se alimentaban de la fauna silvestre, entonces abundante, y nunca ocasionaron grandes daños, como tampoco lo hacen ahora.


Los motivos de su actual persecución son, básicamente dos:


El principal, las jugosas subvenciones que la Conselleria de Cultura y Deporte, de la Xunta de Galicia, otorga a la Federación Gallega de Caza, estimadas en unos 700.000 euros al año. Subvenciones incomprensibles que, algún directivo de la Federación de Caza, en connivencia con algún político, “idearon” para traspasar fondos de dicha Consellería a los más de 60.000 potenciales votantes que constituyen el censo de cazadores.


La existencia de estas subvenciones a una actividad tan poco relacionada con los valores éticos y humanistas del deporte, tenía que ser justificada con algún tipo de actividad “deportiva”, razón por la cual se crearon los “campeonatos” y “ligas” la caza de raposo.


Hay otros “campeonatos” como son los de San Huberto, donde se sueltan perdices mansas en un terreno reducido y acotado y donde los “participantes”, de uno en uno acompañados por el perro, se dedican a matarlas en un espectáculo poco edificante que nada tiene que ver con el deporte ni con la caza.


El segundo motivo es que, al no existir otro tipo de fauna silvestre que haya resistido la expoliación masiva de la caza indiscriminada, eligieron al zorro, como único sobreviviente de la destrucción, para que fuera la víctima gratis de estos “campeonatos” efectuados en pleno monte.


Cuando el zorro se acabe suponemos que, los próximos, serán los cuervos, dado que se hallan en la misma situación que estos mamíferos, al ser una de las últimas especies silvestres que restan en el monte.


Además de estas causas básicas, en Galicia, al contrario que en el resto de España, la mayoría de los dueños de los montes no cobran nada por el uso que los cazadores y tecores hacen de sus propiedades. En el resto de lugares de caza de la península, un cazador debe gastar más de 300 euros por jornada de caza. Ese dinero, no solo limita la cantidad de cazadores sino que, además, son recursos que, en parte, se utilizan para mantener la población de fauna y la conservación del medio ya que esta actividad reporta beneficios económicos a toda la sociedad del lugar (otra cosa son los argumentos de carácter ético sobre la caza) así como a la conservación del medio. En Galicia como nadie paga, nadie conserva ni cuida. Al igual que con otros asuntos (eólicas, embalses, etc.) seguimos siendo los “primos” de España.

Segunda parte de artículos dedicados a todos los colectivos del Estado que apoyan la lucha contra los “campeonatos” y “ligas” de matanza de animales silvestres por parte de algunos individuos de la especie, en unos casos noble y solidaria y en otros, la más sanguinaria, cruel y destructiva que puebla la Tierra.