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Ecologistas detenidos.

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25-06-2011 - (Gallego) Asistimos estos días, estupefactos y confundidos, al desfile por cuartelillos, comisarías y juzgados, de unos chavales, cargados de grilletes y rodeados de una exagerada y ridícula cantidad de Guardia Civiles, a los que conocemos por sus ideales, su compromiso con el sufrimiento ajeno y sus ilusión por mejorar el mundo.

Lamentamos en primer lugar la injusta situación de estas personas, que nada de eso se merecen, máxime cuando vemos a los verdaderos delincuentes de cuello blanco paseando impunes por nuestra podrida sociedad, sin que nadie se tome la mínima molestia para pedirles explicaciones. Conocemos de sobra el asunto, nosotros y el resto del mundo.

También nos duele en el alma el cruel despertar que se impuso a sus familias las cuales, viviendo integrados en este engañoso sistema, nunca se hubieran imaginado ser protagonistas de tan lamentable espectáculo. Familias que educaron a sus hijos en valores de ética y principios, que los sabían alejados de malas costumbres, drogas o botellones y dedicados a la tarea altruista, desinteresada y generosa de defender a los indefensos y a los seres vivos que sufren víctimas de la codicia humana.

Se les acusa de “ecoterrosimo”, por haber liberado, supuestamente, animales enjaulados y esclavizados con el único fin de producir lujo y dinero.

Parece que ellos mismos han publicado acciones puntuales y simbólicas de liberar tres gallinas o algunos visones, pero nada que ver con la suelta de decenas de millares de animales que más parece cosa de intereses espurios de los mafiosos que viven de éste sádico negocio. En todo caso son extremos que están por aclarar pero que no justifican la aparatosidad y humillaciones de lo que se están llevando a cabo.

Se dice que sus acciones "causan terror”. Cualquiera ya se echaría a temblar ante la demostración de “imparcialidad” que tal declaración demuestra, pero a nosotros, y seguramente a la mayoría de la sociedad, lo que nos “causa terror” son otras cosas, por ejemplo:

Los inmorales y codiciosas personajes, semejantes a los que viven del sufrimiento de estos seres, que destruyen el hábitat de éstos animales solo para ganar dinero haciendo que su vida en libertad, de hecho, se torne imposible. Los mismos que ahora utilizan el cínico argumento de que “la mayoría de los animales liberados mueren el primer día”. Como si les importara.

Quienes autorizan - prescindiendo de la ética y el interés común por la naturaleza para favorecer únicamente el vil metal - y quienes importan a nuestro País especies exóticas en una demostración de temeridad extrema para con la fauna local.

La constatación oficial del Gobierno de España de que son, precisamente, estas granjas, las responsables de la invasión del visón americano en nuestro territorio, debido a las contínuas fugas de animales de las mismas. Aproximadamente el 2 por mil de animales se fuga todos los meses (unos 800 al mes).

Es sabido que en muchas especies están invadiendo nuestro territorio de manera accidental, pero traerlas conscientemente y solo para hacer “negocios” es una auténtica temeridad, ya que siempre habrá fugas de animales en esas instalaciones. Por supuesto, estos sujetos, que no se importan con el sufrimiento que causan a los animales con tal de ganar dinero, mucho menos se importarán con tomar medidas para evitar fugas.

Quienes por el vil metal y tras extinguir los individuos silvestres y libres de estas especies animales, apenas permiten que sobrevivan, masificados y encerrados por vida sin nunca pisar el suelo o la hierba, millones de estos seres, encerrados en una jaula, ocasionándoles una existencia miserable, sin tener la mínima empatía para imaginar el tipo de existencia cruel que les ocasionan.

Quienes, tras someterlos a esa vida de sufrimiento y maltrato, gasean a sus víctimas sin que tal acto tenga por objeto resolver ninguna necesidad básica a la especie humana. Solo lo hacen para generar dinero,  enriqueciéndose a costa de tanta miseria y sufrimiento, al vender sus mercancía a las insensibles y vacías mentes de quienes compran, irresponsable y despreocupadamente, productos de lujo manchados de sangre y dolor, para lucirlos incluso cuando asisten a sus hipócritas oficios religiosos.

Esas cosas sí que nos “producen terror”, así como el desengaño que hace despertar a varias familias a la podredumbre y a la corrupción institucional en la que está hundida España desde hace décadas, el corruptor poder de los asuntos económicos y del dinero que generan éstas inmorales industrias, y otras muchas, que están destruyendo el territorio, la fauna, la calidad del agua y del aire y que, al final, acabarán con el medio que nos ha permitido la vida durante milenios, dejando solo un dinero infecto que carece de utilidad.

Y todo por qué. ¿Por Mostar al resto de ciudadanos que la justicia funciona, que estamos en un estado de derecho, que se castiga a los infractores, a los corruptos, a los delincuentes, o a los ladrones?, NO.

Si así fuera, para con éstos ciudadanos bastaría una actuación comedida, citarlos en el juzgado sin necesidad de someter a inofensivas personas a la humillación de pasearlos con grilletes y rodeados de una exagerada y ridícula exhibición de gentes uniformadas, por juzgados y cuarteles.

Al mismo tiempo tendrían que hacer ese tipo de actuaciones, que todos estamos esperando ver, con quienes la gran mayoría de ciudadanos (con mucha más razón jueces y policías) sabemos, y que son aquellos que realmente están causando graves daños a la sociedad, al medio ambiente, a las familias, a la ética y a los principios.

Creemos que este tipo de teatro forma parte de la complicidad de los poderes públicos - que ahora se dicen preocupados por la “biodiversidad” cuando acaban de aprobar una “orden de vedas” letal para la fauna gallega - con la inmoralidad económica e industrial.

Que lo hacen para intentar amedrentar y callar a quienes, eficazamente, destapan la podredumbre, la miseria y la crueldad para con otros seres vivos, de la cual vive y se enriquece una buena parte de nuestra opulenta sociedad.

Día a día están contribuyendo, con su injusticia, prepotencia y arbitrariedad, a incrementar la cantidad de millones de ciudadanos “indignados” que ya no comulgamos con sus mafiosas tácticas y sus propagandas oficiales, encaminadas a criminalizar a los más diversos colectivos.
Ellos son los criminales, no sus víctimas.