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Brasil, un expolio lacerante.

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01-06-2011 - (Gallego) Brasil es un inmenso y exuberante País cuya extensión es 17 veces la de España, mientras que su población es solo cuatro veces superior. Actualmente ocupa el octavo lugar en las economías mundiales.

Su clima y fertilidad permiten plantar durante todo el año y alimentar a toda su población, generosamente, sin destruir ni un solo metro cuadrado de selva tropical.

Infelizmente la Amazonia continúa siendo destruida, la fauna, mucha de la cual aún es desconocida, está siendo eliminada y lo que es peor, la población vive en una constante penuria, no solo económica sino que también alimentaria. Algo difícil de explicar a la vista de los datos mencionados al principio.

Ahora se van a destruir miles de kilómetros cuadrados de selva virgen, se van a desplazar tribus enteras de indios de sus tierras ancestrales y se va a inundar una superficie inmensa, donde se ahogarán millones de animales, en el medio de la Amazonia, para producir energía eléctrica.
El motivo de tanta destrucción es que, la zona donde se construirá el embalse de Belo Monte (en el Río Xingú), cuenta con poca orografía, tiene poca pendiente y en consecuencia la superficie a ser inundada es enorme.

El jefe indio de la tribu "Raoní" lloró cuando le informaron de que el proyecto seguía adelante a pesar de las enormes movilizaciones, nacionales e internacionales, para pararlo.

Un proyecto que, junto con la imparable y cada vez más impune, deforestación de la mayor selva del mundo, solo sirve a los intereses de la corrupta oligarquía nacional y de las multinacionales extranjeras que campan a sus anchas, enriqueciéndose a costa de la destrucción de esa maravillosa riqueza natural, sin que el gobierno ponga el interés necesario para detenerla, a pesar de los modernos medios que, a diario, anuncia para su control y del rechazo de la población mejor infomada. 

Brasil no necesita llevar a cabo este tipo de atentados contra su riqueza natural. Está demostrado que, con la superficie actualmente disponible, es más que suficiente para alimentar a toda su población e incluso para exportar los excedentes ya que, como decíamos, puede producir cuatro cosechas al año debido a su clima tropical.

En éste aspecto, el problema es que no se planta para alimentar a una población carente de poder adquisitivo y sí para exportar, unos productos agrícolas industrializados, a los países ricos.  Como consecuencia de este tipo de agricultura colonial, unos pocos se enrquecen expoliando la selva y el país, mientras que la población pasa hambre.

En contraste con esta abundancia aparente, la pobreza extrema y la miseria tremenda que se observa en cualquiera de sus ciudades y pueblos, tiene difícil justificación, así como las lamentables infraestructuras, la falta de servicios sociales, la mísera asistencia sanitaria o la ausencia de servicios públicos con un mínimo de calidad y eficacia.

En Brasil en turismo es escaso y pocos ingresos entran por ésta vía que podría constituir una fuente enorme de riqueza, a la vista de sus maravillas naturales. El problema es que ni se fomenta ni, al parecer, interesa explotar este recurso ya que, se sospecha, demasiado contacto con culturas de otros países podría alertar a la población local sobre sus carencias comparativas y anular el nacionalismo henchido de grandeza (sobre todo futbolera) y conformista, en que los tiene inmerso su clase dominante.

Toda la riqueza que sale de Brasil, tanto la que lo hace legalmente como la enorme cantidad que se sospecha es exportada irregularmente mediante corruptelas, apenas beneficia a su población, que vive prácticamente en la miseria mas absoluta, trabaja en semiesclavitud y carece de casi todos los adelantos del mundo actual. Todo ello, al lado de una minoría que nada en la abundancia, se rodea a todo tipo de sirvientes a un coste insignificante, y hace ostentación de un lujo y unos privilegios totalmente insultantes  en medio de tanta pobreza.

Es evidente que éstos contrastes acaban ocasionando la conocida inseguridad y violencia que reina en el País, donde muchos, cegados por las innumerables religiones y predicadores que proliferan en su sociedad, consideran su destino como “voluntad de dios”, pero donde otros muchos no se conforman con la brutal marginación y explotación que sufren y recurren a la violencia para conseguir, por al fuerza, lo que la inexistente justicia social les niega.

Grandes terratenientes son los que ocupan el parlamento y el senado, donde imponen sus intereses en los órganos “democráticos”, gobiernos locales, estaduales y nacionales.

Una clase política mayoritariamente corrupta y comisionada de grandes multinacionales, a las que conceden todos sus deseos para actuar a su antojo en éste inmenso y rico País, bien sea extrayendo maderas nobles, sustituyendo selva virgen por pastos para producción masiva de carnes destinadas a la exportación, plantación de inmensas superficies de eucaliptos que arruinan la tierra y secan el suelo desplazando al pequeño agricultor, monocultivos interminables de caña de azúcar y soja destinados a la producción de agro combustibles (donde restan pequeñas muestras de la selva desaparecida), etc. están arruinando toda su riqueza natural, sin que repercutan en mejora alguna para la población mayoritaria que se ve abocada al trabajo esclavo, en grandes plantaciones que lindan con otras iguales, por lo cual es prácticamente imposible escapar de su destino, recluidos que están en la inmensidad de esas explotaciones y lejos de cualquier lugar.

En ésas grandes haciendas y territorios en manos de los "coroneles", son ellos, los amos, quienes imponen sus intereses a sangre y fuego, quienes asesinan a los que se oponen a la destrucción que practican, quienes tienen a numerosos matones a su servicio, sin que el gobierno haga nada por aclarar los numerosos crímenes que acabaron  impunemente con personajes de la talla de "Chico Mendes".

A Brasil le sobra con lo que tiene para dar una vida más que digna a la totalidad de su población, pero la codicia extranjera, la corrupción y latrocinio nacionales, la inexistente justicia social y la ausencia de distribución alguna de la riqueza, lo está transformando en la finca donde otros países y empresas multinacionales obtienen pingüe beneficios, a un coste ridículo para ellas, pero a un coste incalculable y letal para los interese nacionales y para su riqueza sin par.

Veremos la Amazonia liquidada y totalmente talada, sus riqueza vegetales con los muchos productos medicinales aún por descubrir, así como su fauna aún por catalogar, aniquiladas antes incluso de su descubrimiento, sus inmenso y rico territorio totalmente expoliado, sus recursos naturales en manos de potencias extranjeras, quedando para su población la miseria, la pobreza, la destrucción y la ingente cantidad de basura que se acumula en todas partes sin tratamiento alguno, siendo el residuo más abundante con que el capitalismo salvaje marca un territorio paradisíaco, al que está condenando a la exhaustión, la pobreza y la contaminación.

Brasil está secuestrado en manos de intereses extranjeros que, más aún que en cualquier otro lugar, compraron a sus dirigentes para apoderarse de sus riquezas y sustituirlas por basura, entre la cual sobrevive míseramente su población.

No extraña que el jefe indio llore por su destino y por el de su pueblo. Por su vida pasada y por la que le van a imponer. Por lo que tenía y por lo que va a perder.