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29 de agosto. ¡Atención! empieza la caza.

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06-09-2010 - (Gallego) No se trata de ningún error, efectivamente ese día, en plena canícula, cuando Galicia trata de extinguir los últimos incendios de verano valiéndose de toda la plantilla de brigadas contra incendios e incluso del propio ejército, cuando la ley de incendios tiene activados sus artículos más restrictivos cuanto a actividades en el monte al objeto de prevenir incendios, cuando ni siqueira se permiten trabajos de desbroce para evitar fuegos, resulta que los “deportistas” de la escopeta ya pueden invadir el monte resecado con sus todo terrenos, aparcarlos entre la maleza con los escapes calientes y echarse sus pitillos entre el polvorín de los rastrojos resecados tras mes y medio sin llover. Empieza la temporada de caza.


Art. 16-2-b) de la orden vedas de la Xunta de Galicia para la temporada 2010/2011: Xabaril (Sus scrofa): o período hábil estenderase desde o 29 de agosto de 2010 ata o 30 de xaneiro de 2011.


Es decir, que a partir de ese día unos 3.000 cazadores, solo en la provincia de Ourense (90 tecores X 3 cuadrillas por tecor X 10 individuos por cuadrilla…), ya pueden circular libremente por el monte los jueves, sábados domingos y festivos dando tiros contra los jabalíes. Claro que, una vez puestos, si sale otra cosa…


Ayer nos tocó en nuestra Parroquia, lo voy a contar porque la cosa no tiene desperdicio.


Imagínense a la familia que vive en la ciudad y que ese día viene al pueblo a visitar a los más viejos, se traen a los niños, las bicicletas, al perro (algunos lo tienen aquí y lo sacan el fin de semana) y pasean por las pistas asfaltadas cercanas al pueblo, debajo de la frondosidad que aún adorna a los robles de la zona.


En esto de las 17:00 horas, en medio de las familias que disfrutan del que posiblemente sea el último día del verano, ya que para el lunes se anuncian lluvias, empiezan a detenerse todo tipo de coches, desde el humilde “Panda” hasta el más sofisticado todo terreno - éstos "deportistas" utilizan el coche incluso para perseguir a la pieza que huye, se diría que no saben caminar - muchos de ellos provistos de remolques y algunos cubiertos con manchas de sangre, que su propietario oportunamente se “olvidó” de limpiar y que casualmente habla de las “hazañas” pasadas de su dueño.


Del interior de los vehículos bajan un nutrido número de ciudadanos, vestidos de “Rambo”, con uniformes paramilitares, botas especiales, cartucheras, polainas de pierna entera y armados hasta los dientes, quienes liberan de los remolques a docenas de perros.


A la vista de las armas comienza la estampida de las pacíficas familias, que tampoco entienden tamaño despliegue de equipo militar en un ambiente donde todos circulan en zapatillas o chancletas y donde no se observa actividad “enemiga” alguna. Solo entienden que va haber tiros y huyen con sus crios, perros y bicis, del lugar, conscientes de que el último fin de semana del verano “se jodió”.


Preguntados los actores principales del drama sobre las razones de su invasión, responden que es “para que los jabalíes no nos coman las uvas”. Les agradecemos tan altruista intención y les informamos que ya prácticamente no se cultivan uvas en la zona y las pocas que hay no han merecido la atención del criminalizado e infeliz jabalí.


Muchos son antiguos conocidos y la verdad es que su condición es pasible de cierta empatía, ya que parecen ajenos al hecho de que se sitúan en la parte más baja de la enorme pirámide que conforma el floreciente negocio de la caza y el papel que les corresponde es el de pagar y aportar los recursos con los cuales se hartan de reír directivos de federaciones, beneficiarios de subvencioes, empresarios de los cartuchos, las escopetas, los todo terreno, las botas, los seguros, etc.

Gentes que no  se cansan por el monte (el buen tabernero es abstemio), no se granjean mala fama entre los vecinos y disfrutan de aire climatizado en sus despachos fumándose un puro, mientras que éstos, además de darles un dinero  que en ciertos casos no pueden permitirse y de hacer el ridículo con sus equipos de “combate” exagerados, también se parten el pecho en el monte, invitan a sus comilonas o los mismos que viven a cuenta de su dinero y los sientan en la mesa de cabecera en lugar de correrlos a gorrazos.

Del acompañamiento que se hizo a sus actividades cinegéticas del domingo, damos fe de apenas algunas infracciones cometidas durante las tres horas de batida y solo en lo que se refiere a violaciones de las zonas de seguridad, donde se pone en riesgo a terceros. De las invasiones a los refugios de fauna no haremo siqueira mención, porque los ignoran completamente.

Indagaremos ante la conselleria corespondiente sobre los resultados de la vigilancia oficial, si la hubo y de la posibles infracciones denunciadas ya que, por lo que se publica en el DOG sobre expedientes abiertos a cazadores, apenas se cometen infracciones durante la caza.