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Esta autopista no está en España

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16-04-2010 - (Gallego) Una autopista amable, sin los gigantescos terraplenes que las empresas constructoras de este tipo de vías dejan en las autopistas españolas cuando aprovechan la tierra que retiran, cortando montes enteros por en medio, para llenar las depresiones que se hallan en otros lugares próximos.


Como hemos dicho reiteradamente, con ello ahorran costes, pero perjudican los pasos de personas y de la fauna, cierran el territorio, causan un enorme impacto visual y ecológico, pero así ganan más dinero las constructoras.


Entre Maside y Carballiño, en menos de 6 kilómetros, dejaron al menos cuatro de estos monstruosos terraplenes que ya empiezan a causar los consabidos problemas de desprendimientos y peligro para los vehículos. Que decir del descomunal terraplén, con más de 100mts. de altura, que ha cortado la ladera entera del monte Jajan, en Cangas, en la autovía del Morrazo.


En esta autopista que hoy mostramos y durante casi 150 kilómetros, no vimos uno solo de esos monstruosos terraplenes, alguno había pero de reducidas dimensiones, escalonados y bien protegidos contra derrumbes.


Pero básicamente no los hay y se puede comprobar cualquier día que se pase por ella, porque quienes la construyeron se preocuparon, al menos en buena medida, del impacto ambiental de la misma y lo hicieron de la manera más lógica, adaptando la autopista lo máximo posible a la orografía – no al contrario como estamos acostumbrados a ver en España donde se llevan por delante montes y se taponan valles – y procurando el mínimo de movimientos de tierras.


Lo primero que se aprecia en dicha autopista es que se trata de una vía ondulada en ambos sentidos, es decir, con numerosas subidas y bajadas, así como con abundantes curvas suaves, una característica debida a que no se trató de fuera completamente plana y recta, precisamente para evitar la construcción de grandes “trincheras”, de manera que bastó con dejar algunos cambios de nivel y alguna curva más y dichos movimientos de tierra se redujeron  al  mínimo imprescindible.


Como consecuencia de lo primero, también hubo que construir numerosos viaductos ya que la superación de las depresiones se hizo por medio de ese tipo de construcción, al contrario de lo que se hace en España donde, como explicamos al principio, las depresiones se llenan con la tierra retirada de los montes y donde se debería haber construido un túnel no se construyó por intereses económicos. Así que se deja una descomunal trinchera y con  la tierra se rellena la depresión que hay al lado, cerrando completamente el territorio.


Esta autopista debido a sus numerosos puentes apenas causa problemas, ni al paso de la fauna, ni al paso de personas de uno al otro lado, ya que es totalmente permeable y podemos decir que hay un viaducto a menos a cada 3 kilómetros. Un descanso para la vista y un alivio para el medio ambiente y la libertad de movimientos de personas y animales. De hecho, no vimos ninguno atropellado.


También se han minimizado el impacto visual dejando alguna curva a más, en lugar de imponer los tramos rectos en una territorio irregular teniendo que cortar colinas que se hallan en el camino de la autopista, se opta por la solución más ecológica y menos agresiva de desviar algo la trayectoria de la autopista, sin perjuicio para la seguridad ya que se trata de curvas de gran radio y minimizando también de esa manera los grandes movimientos de tierra.


Se puede observar también la sensibilidad de la construcción en la prevención de accidentes  de motocicletas, asunto al que en España no se da la mínima atención a pesar de las numerosas protestas y reclamaciones de los usuarios de este tipo de transporte de dos ruedas.


Como es de todos sabido, dicha medida, además de económica es sumamente eficaz, ya que se trata de colocar una chapa por debajo de la lámina inferior del quitamiedos la cual llega hasta el suelo, evitando que en una caída el conductor se golpee con las columnas que soportan el quitamiedos.


En esta autopista, no existe una sola curva, ni el menor tramo de guarda raíl, donde no se colocara dicho tipo de protección en la parte externa de las curvas.


En España no solo se tiene abandonado este asunto sino que en la autovía A-52, entre Ribadavia y A Cañiza, se han colocado quitamiedos recientemente en la mediana que transcurre entre ambas pistas y no dotaron las curvas de este tipo de medida preventiva. Un auténtico desprecio a los numerosos muertos y mutilados a causa de los quitamiedos y un verdadero insulto a quienes vienen reclamando una solución al problema que además es fácil y barata, pero a las que nuestros administradores  hacen oídos sordos.


Pensábamos sugerir a los responsables de la seguridad vial y de la construcción de este tipo de infraestructuras en España, que se acercaran a ver esta obra, pero no vamos a ser tan ingenuos de pensar que desconocen las soluciones o que no se aplican por ignorancia de las mismas, puesto que tenemos el convencimiento de que los problemas que se dejan en la construcción vías de alta capacidad son debidos no al desconocimiento sino a causas más profundas que se relacionan con la codicia, las corruptelas y  con el poder que tienen las constructoras y otras grandes empresas en España muy por encima de las normas que, en interés de la ciudadanía, les pueda imponer una clase política doblegada a los intereses económicos.


Por cierto, está en Portugal, se trata de la autopista que transcurre desde Valença do Minho hasta Lisboa, aunque solo hemos recorrido el trecho que llega hasta Oporto.
Para que luego digan…