Skip to main content

El acto de un psicópata

Posted in

04-01-2010 – (Gallego) Dicen que ser agradecidos es de bien nacidos. Hace unos días publicábamos un artículo donde se citaba el trabajo del perro que acompaña al cazador, del “deporte” que ese animal SÍ se veía obligado a hacer señalando la pieza, arriesgándose a ser alcanzado por el disparo y, finalmente, recogiendo la pieza abatida para entregarla a su amo.


Se limitaba este último a apretar el gatillo y a beber su buena botella de vino, frente a las cámaras, sin el menor reparo, a pesar de saber que estaba infringiendo la ley y sin miedo a ser sorprendido por una prueba de alcoholemia en el monte.


También acordábamos el hecho de que muchas veces, ese sufrido y fiel animal, era recompensado, cuando llegaba a la vejez o cuando ya no valía para cazar, con  una muerte violenta, mediante un disparo o colgado de un árbol.


Ayer, en el Tecor San Trocado e Cidade, un auténtico psicópata llevó a cabo este, por desgracia, tan frecuente ritual.


El animal no presentaba indicios de ser demasiado viejo, en realidad su apariencia era de un perro joven, de manera que, lo que deducimos, es que, una vez criado y probado en el monte, no alcanzó las expectativas que su descerebrado dueño esperaba de él, así que le pegó un tiro a sangre fría y a bocajarro, en medio de un descampado (lo que indica que no fue accidental al confundirlo con alguna pieza) y lo dejó tirado entre unos matorrales.

Al lado, se podía ver un enorme charco de sangre en el lugar donde el animal fué abatido, así como el reguero que indicaba los matorrales donde arrojaron el cadáver.

Ese es el apego que algunos desalmados tienen a unos seres leales, que están dispuestos a dar la vida por sus amos, que se esfuerzan por agradarles, que le lamen las manos y que mueven alegremente la cola cuando los ven llegar.


Los próximos días publicaremos un amplio reportaje sobre los diversos excesos, abusos, infracciones y atropellos que hemos registrado, gráficamente, durante estos dos meses y medio que ha durado la actual campaña de caza.


Sobre algunos de esos hechos ya hemos publicado otros artículos, pero lo que nunca nos hubiéramos esperado es que, entre el variopinto crisol de gente que nos hemos encontrado en el monte - algunos incluso dignos de mantener una cortés conversación con ellos – se escondiera un degenerado, capaz de dispensar tan cruel trato a unos perros que, en la mayoría de los casos, son objeto del afecto de sus dueños, por muy cazadores que sean.


El tarado autor de tan execrable comportamiento, al final, tuvo la gran suerte de que los agentes del SEPRONA estuvieran ocupados ese día y no hubieran podido acudir al lugar cuando solicitados. Lo hicieron al día siguiente, es decir hoy, cuando comprobamos que no se podía identificar al propietario del animal, ya que el cadáver fue retirado durante la noche. Posiblemente alertado por alguno de sus cómplices, que le advirtieron de que la Guardia Civil había sido requerida en el lugar para realizar la lectura del micro chip.


No sabemos si es mucho esperar, pero nos gustaría que, el mismo colectivo que sabe de la existencia de un impresentable de tal calibre entre sus socios de Tecor, tomara las medidas oportunas para alejar de su asociación a un sujeto que es capaz de llevar a cabo un acto de crueldad indigno de un ser civilizado.


Al inmoral delincuente, autor de tal cobardía, nuestro deseo de que un día, cuando sea viejo y esté incapacitado, sea objeto de la misma consideración y cuidados que él es capaz de ofrecer a los seres que ponen sus vidas en sus manos.

Amén.