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La tragedia de los indefensos

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23-11-2009 - (Gallego)Estamos acostumbrados a leer noticias en los periódicos del tipo “jabalí ocasiona accidente” o “Caballo causa heridos”, etc. en las cuales, implícitamente, se presenta al animal muerto como el causante de una desgracia, de la cual, él es la primera víctima inocente.


Alguna de estas noticias son tan escabrosas y crueles como la que se relata en éste artículo.


Parece que deberíamos alejar las interesadas cortinas de humo que subyacen en este tipo de comunicados y llegar al fondo del asunto, para saber quien o quienes son los verdaderos responsables, tanto de la muerte de un animal que desconoce los “avances” técnicos del hombre, como de los desavisados conductores, u ocupantes, que sufren las consecuencias de la colisión con un animal que súbitamente se les cruza en la carretera, autopista o autovía, ya que en todos ellas acontece este tipo de incidentes.


No parece demasiado esfuerzo intelectual el adivinar que, la desaforada fiebre por construir carreteras y autovías por todos los lugares, invadiendo el hábitat de la fauna silvestre y privándoles de los necesarios pasos por los cuales puedan acudir a sus lugares de alimentación, bebida o reproducción, no es una buena práctica.


Se supone que, los que proyectan tales “infraestructuras”, deberían calcular ésta variable, por otra parte, más que estudiada y prevista en países más avanzados. Así que no creemos que tal carencia sea casual o consecuencia de la ignorancia.


Que dudada cabe de que el fomento del uso del automóvil favorece los intereses de grandes empresas, cuales son la industria automovilística, las grandes constructoras, las petroleras, las de peajes, accesorios, neumáticos, y un largo etcétera, cuya importancia viene dada por el hecho de que nunca se le nieguen ayudas estatales para su mantenimiento y proliferación, aunque la penuria económica impida que tales ayudas se puedan también prestar a otros colectivos como son, por ejemplo, el pequeño comercio, los parados o los dependientes.


Sobradamente conocido es el recurso del Estado a incrementar el precio de los combustibles, con el famoso “céntimo” para esto o para lo otro, tal cual se nos avecina en las próximas fechas.


Sabemos que los gobiernos, al igual que benefician al gran capital, también inducen, como parte de un sistema que son, a los medios de comunicación. Medios que no solo representan, en la mayoría de los casos, los propios intereses de esos grupos poderosos, como en multitud de ocasiones forman parte de los mismos.


Pues bien, si se hacen tantas autopistas y autovías, en detrimento del transporte público, mucho más seguro y económico.


Si se procura el impacto mediático de presentar como un gran logro el número absurdo de quilómetros de estas vías que existe en España, aunque los trenes de cercanías estén olvidados.


Si no se importan con el incremento de la contaminación y de las muertes en carretera, ocasionadas ambas variables por la apuesta, en nuestro País, por el transporte individual.

Si se sigue obligando a los trabajadores, labradores y residentes en el rural, a tener que dedicar gran parte de su jornada laboral a conducir un coche todos los días para ir al trabajo, en lugar de que puedan hacerlo en confortables trenes y leyendo el periódico del día o echando una siesta.


Si se permite que se fabriquen coches para personas sin posibilidades, del tipo que sea, ni aptitudes,  para poder conducir un coche normal y se les obliga a tener que adquirir, por falta de otras opciones, un vehículo para el que no se necesita carnet, a pesar de frecuentar las mismas carreteras que los demás, con el consiguiente riesgo para ellos y para los otros conductores.


Si se puede llevar el favoritismo de los recursos públicos y de las políticas de transporte a tan altos índices de inmoralidad, para favorecer a una industria tan letal como es la del transporte individual.


Si todo ello se permite y se lleva a cabo, háganse, al menos, estas carreteras de manera más racional, déjense pasos adecuados para que la fauna pueda cruzarlos sin riesgo para ellos y para los humanos, vigílese que se hagan puentes, viaductos y túneles que “permeabilicen” tales construcciones, atájese el chapucero y barato sistema de remover colinas para tapar valles, reduciendo la construcción de una autovía al solo problema de mover tierra.


Mientras eso no acontece y como nuestra fe en la casta que mueve nuestros dineros está en los más bajos momentos, nos permitimos pedir a los conductores que, aunque no puedan evitar el desastre calculado del que cualquiera puede ser víctima, tengan la sensibilidad de la cual carecen los auténticos responsables de tantas muertes “accidentales”.


Cuando legan las lluvias y aunque a la mayoría les pase desapercibido, en nuestras carreteras aparece un nuevo tipo de fauna que, debido a su escaso tamaño, son víctimas de atropellos masivos sin que nos percatemos de ello.


Son difíciles de evitar en las carreteras de mucho movimiento y donde se circula a velocidades elevadas, pero en las pistas secundarias, por las que nunca se debe circular a más de 50 Km/h. son fáciles de ver y así evitar su muerte. Basta con mirar algunos metros delante del coche, sobre todo por la noche y los distinguiremos fácilmente.


Se trata de las salamandras y sapos que, a la llamada de las primeras lluvias, abandonan sus madrigueras, donde han conservado la humedad durante el verano y acuden a sus encuentros anuales protegidos por las lluvias del otoño.
Ténganlos en cuenta. Gracias.