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Las negligencias de M. Ambiente siguen causando víctimas.

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perro con disparo04-01-2013 - (Gallego)Ayer fue el enésimo “accidente” de caza, esta vez en Cenlle, al lado de Ribadavia, de nuevo en una batida de jabalíes, de nuevo un disparo procedente del arma de otro cazador perteneciente a la cuadrilla cuya probable proximidad con la víctima, posiblemente, facilitó el suceso.

Ayer tuvimos que contactar con la Guardia Civil de O Carballiño porque, a despecho de la intensa niebla que se cernía sobre el ayuntamiento de Punxín, colindante con el de Cenlle donde suponemos que también se producía este meteoro, se realizó otra batida donde hubo disparos y donde uno de los animales fue abatido por, al menos, cuatro o cinco impactos de bala simultáneos procedentes de las armas de otros tantos participantes que, imprudentemente, actuaban de forma agrupada.

Explicamos estos detalles para que quede patente las reiteradas temeridades que se llevan a cabo durante estas batidas, el abandono de las mínimas medidas de seguridad, la operativa caótica e improvisada de los participantes cuyos miembros quieren tener todos el “honor” de abatir al animal, lo que transforma la cacería en un “corre, corre” con los vehículos –a la llamada del ladrido de los perros que acosan al animal– para ver quien es el primero en avistar al jabalí y el que presumirá posteriormente de haber realizado el disparo definitivo.

Estas batidas constituyen un auténtico atentado contra las normas que regulan la caza y contra la seguridad de los demás ciudadanos. Multiplican el peligro por el hecho de que se realizan una vez terminada la temporada de caza menor (que termina el 6 de enero) y cuando muchos vecinos ignoran que puede haber disparos en el monte fuera de temporada a causa de batidas sin aviso alguno, sin señalización y donde las normas de seguridad y la vigilancia brillan por su ausencia.

muerto cazaNos hemos cansado de denunciar ante la Delegación de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia en Ourense este tipo de infracciones rutinarias, constantes y reiteradas. Les hemos remitido vídeos donde se puede apreciar a los participantes actuando impunemente en las carreteras y demás vías de circulación, al lado de los pueblos, utilizando su vehículo para transportar armas cargadas y para desplazarse.

En resumen, nos hemos cansado de advertir a los responsables por regular la caza de que los constantes “accidentes”, y los que están por venir, ocurren en la mayoría de los casos debido a la displicencia, la inoperancia y la temeraria tolerancia que la Consellería de Medio Ambiente permite, por su omisión, con la violación sistemática de las normas de seguridad que ocurren en estas batidas.

Por increíble que parezca no solo no se tomaron, ni se toman, medidas. No se cumple con la obligación de vigilar dichas batidas, y en la última ocasión en que hemos remitido una denuncia, acompañada de todos los datos, como lugar, participantes, vehículos, etc. la Delegación de Medio Ambiente de Ourense nos respondió que no podía actuar porque “no se podía identificar a los participantes”. Sorprendente respuesta teniendo en cuenta que en el vídeo se podían recabar todos esos datos.

La postura que adoptan los responsables de la caza, en este caso, roza la prevaricación, una vez que conocen perfectamente los datos de esa batida puesto que  tienen que autorizarla, para lo cual los cazadores deben presentar la información del lugar donde se va a realizar, una relación de los participantes con nombres y apellidos, el nombre de un responsable, etc., asimismo todos estos datos se remiten a la Guardia Civil para que sepan de los mismos y pueda vigilar el cumplimiento de la normativa.

muerto caza 2No es de extrañar que los propios cazadores se jacten abiertamente de su impunidad cuando se les advierte de cualquier posible denuncia ante una infracción, ya que ni siqueira los obligatorios controles de alcoholemia se llevan a cabo, de hecho, nunca hemos visto ni sabido de que se realizara uno solo.

Reiteramos nuestra convicción de que la mayoría de estos “accidentes” de caza son en realidad la consecuencia de severas infracciones a las normas de seguridad propiciadas y toleradas por los responsables de vigilar su cumplimiento. De esta responsabilidad estamos cansados de advertir a las autoridades y del hecho de que, cuando alguien muere o resulta herido, la actuación a la que están obligados para prevenir esa desgracia, hubiera sido decisiva para evitarla.