Skip to main content

La voracidad de quienes nos explotan.

Posted in

25-11-2010 - (Gallego) Hablo de los que “de verdad” mandan. En nosotros, en los políticos, en el Estado, en la Justicia. Los que mandan en el mundo, vamos.

Ahora acaban de enviar al Ministro de Fomento a USA para que nos endeude un poco más. Como no hay dinero aquí y ya nadie nos fía, van a pedir créditos a los yanquis para hipotecar, un poco más, el futuro de las próximas generaciones para que las grandes empresas de construcción sigan ganando dinero con la locura de destruir nuestro territorio, y nuestro medio ambiente, con más kilómetros de AVE. Para que luego nos “vendan” que hay crisis y nos recorten derechos.

Nosotros viendo como nos rebajan el sueldo, como vamos a tener que trabajar más años para poder jubilarnos, como vamos a perder ingresos cuando nos jubilemos, los jubilados con sus pensiones congeladas “porque no hay dinero”, “porque hay que arrimar el hombro” y ellos siguen tirando dinero dentro del bolsillo de las grandes empresas y de la banca. No para que tengamos mejores servicios, no, lo hacen para darles la riqueza del país a sus amos, a los grandes empresarios, que para eso los pusieron en el cargo político que ocupan.

Y no lo estamos pagando solo con nuestros sueldos, también nos expolian mediante la subida de la luz, los impuestos, el gasoil de calefacción (a 0,74 Euros el litro, un 50% más que el año pasado), los combustibles de automoción en máximos históricos, las comisiones bancarias que triplicaron su valor en un año, el butano, el gas natural,… Porque las grandes empresas no “arriman el hombro”, no, esas son las que redactan, en sus consejos de administración, los “reales decretos” que después firman sus lacayos políticos, para seguir enriqueciéndolos a costa de la miseria del resto de la población.

Para que siga existiendo la indecencia de ver como algunos nadan en la abundancia inmoral e impúdica, mientras honrados trabajadores no saben como alimentar a sus hijos y alguno de ellos, llevado por la desesperación, acaba ahorcándose en la vía pública, como sucedió hace unos días en Girona. Pena que no se llevara por delante algún responsable de su situación.

Ahora van a destinar 800 millones de euros (la mitad de lo que se ahorra congelando las pensiones), que no hay para mitigar el problema de los parados y de los dependientes, pero sí para dárselos a las concesionarias de autopistas (grandes constructoras) porque al parecer y debido a la crisis, no están ganando lo previsto. Cuando lo ganaban no repartieron con el resto de la población.

Han llevado al país a tal nivel de ruina que ni siquiera consiguen que se mueva la economía. Los trabajadores y los consumidores son incapaces de comprar nada. Bastante tienen con lograr comer todos los días, como para meterse en aventuras de gastos o de letras con sueldos de miseria y empleos precarios.

Incluso la administración está llevando a cabo contrataciones temporales.
El servicio de meteorología nacional (actual Agencia Estatal de Meteorología, a camino también de ser privatizado) ahora contrata personas por dos o tres meses para cubrir bajas, en lugar de convocar oposiciones y tener una plantilla suficiente para cubrir contingencias. Como se hizo siempre.

El servicio de mantenimiento de los equipos está subcontratado a empresas que tienen sus plantillas con empleos precarios. Trabajadores que están a disposición todos los días de la semana, sábados y domingos incluidos, día y noche, para honrar los compromisos “acordados” entre algún político con algún gran empresario, quienes ahora se solazan con los millones robados al contribuyente mientras sus empleados, en precario y con sueldos de miseria, hacen el trabajo duro.

Hay miles de ejemplos de cómo se está deteriorando el mercado de trabajo y la sociedad española (y mundial) a causa de un sistema que, a cada día que pasa, se torna mas apremiante cambiar si queremos seguir existiendo como especie en este planeta, porque incluso el medio ambiente y el aire lo están destruyendo.

Porque a diferencia de la empresa pública, la privada no procura apenas cubrir las necesidades de la población, la empresa privada busca el lucro y por consiguiente el incremento de esas necesidades –de las que ellos hicieron un negocio - de los que las demandan (aumento descontrolado de la población) y en consecuencia el expolio de los recursos naturales (con el rápido agotamiento de los mismos) para incrementar, año tras año, los beneficios.

Hace unos días hablábamos de una de las facetas de la actual guerra del sistema contra los controladores (y sentimos que algunos puntos sean una reiteración de lo allí expuesto), la que tiene relación con el proyecto de privatizar AENA para lo cual es necesario prostituir antes los sueldos, tal y como se hizo anteriormente con otras empresas públicas.

Hoy, utilizando también a este colectivo como ejemplo, queremos recordar que hace menos de 20 años, tanto ellos (los controladores) como cualquier funcionario, una vez aprobada la oposición, comenzaba a realizar el curso de formación cobrando el 70% del sueldo. Más tarde pasaron a no pagar nada a los opositores durante el curso y los impresentables que están desmantelando el estado del bienestar “vendían” el curso de formación como una “beca” para obtener la calificación de controlador con la cual, posteriormente, “podría” ser contratado por AENA.

Con este nuevo sistema, que estuvo en vigor unos pocos años, durante el curso el aspirante no solo no cobraba un céntimo sino que, además, debía hacer frente a los gastos necesarios para sobrevivir en Madrid durante los meses que duraba el mismo.

Pues bien, tampoco así les pareció suficiente abuso y degradación de la condición de funcionarios, de manera que, en la actualidad, la cosa está de la siguiente manera: quien pretenda ser controlador, debe hacer un curso que cuesta 50.000 euros, debe residir en Madrid durante el mismo, soportando los gastos que conlleva y,  cuando termine, será contratado, o no, por AENA. Una verdadera indecencia y una prostitución del antiguo sistema de formación, que ahora solo es accesible a quien disponga de una saneada situación económica.

Claro que así ganan muchísimo dinero ciertas empresas privadas que imparten los cursos aunque, al contrario de lo que sucedía antes, no se le garantice un empleo posterior.

Y no hablemos de los pilotos quienes, hace pocos años, cuando eran contratados por una empresa cualquiera, ésta, como es lógico, se encargaba de administrar a los nuevos pilotos los cursos de formación que les habilitaban para actuar, en principio como copilotos, en determinado tipo de avión. Actualmente deben pagar el curso de formación en el avión que vayan a pilotar (unos 16.000 Euros) a las empresas que los contratan, mientras tanto, reciben salarios en torno a los 850 euros al mes, con los cuales deben hacer frente a la deuda asumida con la empresa.

Hasta el año 1990 existió la Escuela Nacional de Aeronáutica, dependiente de la Dirección General de Aviación Civil y actualmente también privatizada, donde cualquier españolito de a pie podía realizar, aprobando una oposición previa, el curso de piloto comercial completamente gratis.

Hoy solo pueden acceder a esos cursos quienes dispongan de una cantidad superior a los 70.000 Euros (las más baratas, más gastos de estancia) para invertir en una formación sin garantía alguna de empleo posterior pero que, al igual que sucede con los controladores, va a enriquecer a muchas empresas privadas a costa de los ahorros de muchos aspirantes que engrosarán, con cargo a su bolsillo, la bolsa de parados en la profesión.

Es evidente, en este caso, que la táctica consiste en formar más profesionales que los necesarios, ya que ellos mismos se pagan su formación, que algunas empresas se enriquezcan con ello, que la formación la paguen los propios aspirantes en lugar de que sea el estado o las empresas, crear con los excedentes bolsas de parados y, con ello, tirar por los suelos los salarios y las condiciones laborales de estos profesionales que han comprado, con su propio dinero, su ruina, su precariedad y la de toda su categoría profesional.

Desde el primer gobierno socialista hasta ahora, pasando por los demás gobiernos conservadores (no es un error), la tónica siempre fue destruir empresas y empleos públicos para entregarlas a la voracidad del capital privado y para ello siempre se ha criminalizado a sus trabajadores tildándolos de vagos, improductivos, privilegiados, etc.

Lo mismo que se hace en la actualidad con los controladores y con los demás funcionarios que aún quedan, los trabajadores de correos, de la sanidad, la enseñanza, etc. cuyos sueldos y empleos, más o menos decentes aún, están ya en el punto de mira de las grandes empresas y bajo el acoso de sus lacayos. Para ello do dudan en denigrarlos ante la opinión pública, como siempre lo han hecho, culpándolos de la tradicional mala gestión de los gobiernos corruptos y sembrando el cainismo y la envidia entre el resto de la población.

La diferencia entre los sueldos dignos que percibían los antiguos empleados públicos, con puestos de trabajo fijos, de aquellas empresas estatales y los salarios de miseria y empleos precarios de las mismas empresas hoy privatizadas, constituyen los inmorales beneficios que obtienen los accionistas, improductivos y parásitos, de aquellas empresas actualmente privatizadas.

Las supuestas “pérdidas” o los “inexistentes” beneficios empresariales con los que se justificaron estas privatizaciones, eran mucho más beneficiosas para la sociedad, en forma de  empleos decentes y miles de familias que vivían de estas empresas, que los beneficios que hoy se llevan unos pocos accionistas y grandes empresarios.

Los millones de desempleados que colocan a España a la cabeza mundial del paro, son el fruto de la entrega de las mejores (casi es más preciso decir TODAS) y más rentables empresas del Estado a los empresarios, que hoy carecen por completo de una plantilla de trabajadores, limitándose a “Call-centers” y a empresas subcontratadas que realizan los trabajos con empleos precarios y sueldos de miseria.

Si alguien cree que todo esto se hizo para beneficio de la población demuestra ser un perfecto incauto o un desinformado total porque, conforme comprobamos a diario, los servicios que prestaban estas empresas, cuando eran públicas, tenían mucha mejor calidad, los precios eran más bajos y los beneficios repercutían en la totalidad de la población.

Hoy esas empresas, mediante acuerdos corporativos entre ellas, han eliminado la supuesta competencia que nos prometían cuando las privatizaron, prestan servicios deficientes y abusivos, cobran precios desproporcionados y obtienen beneficios inmorales que se van, íntegros, a manos de unos pocos.

Esta es la porquería de sociedad y mercado laboral que están construyendo los impresentables que mandan en el mundo. Mientras los medios de producción estén en sus manos y su finalidad sea aumentar y acaparar los beneficios, la cosa irá a peor, tanto social como ecológicamente, porque su codicia no tiene límites.

A menos que se produzca una cambio radical, se vuelva a la nacionalización de empresas, se utilicen estos medios de producción para cumplir con la función social que deber ser su fin último - y no un medio por el cual unos pocos se hagan cada vez mas ricos en perjuicio de la mayoría – la situación seguirá deteriorándose cada vez más, los recursos naturales agotándose a un ritmo acelerado, el medio ambiente y el aire que respiramos envenenándose, sin que nada de ello repercuta en un mayor bienestar general para la mayoría de la población.

Lo que choca de todo esto es que, los que dieron la cara en toda esta malversación del dinero público entregando a las grandes corporaciones - mediante la ejecución de obras megalómanas e inútiles - la riqueza, los derechos sociales y el bienestar nacional, no solo no han dimitido de sus cargos ni ha sido cesado ninguno de ellos, sino que siguen en sus privilegiados puestos sin el menor pudor, ni inquietud alguna, por la indignación que debería estar creciendo entre la población.

Los actuales “ataques” contra la economía de nuestro país y de los otros que figuran en el famoso grupo de los “PIGS”, solo están siendo posibles porque, para llevar a cabo tanta obra inútil, no bastó con agotar los recursos y la riqueza nacionales, no fue suficiente conformarse con la economía doméstica y, los tiburones que utilizaron la obra pública - adjudicada a costes astronómicos - como medio de acaparar los recursos de todos, determinaron que las autoridades, que tan sumisamente les sirven, se endeudaran más allá de toda racionalidad hipotecando, en los mercados internacionales, el futuro de las próximas generaciones para que, sus actuales amos, acapararan también el dinero que aún no se ha generado, mediante el recurso del endeudamiento.

Si no existiera la deuda pública no habría posibilidades de atacar nuestra economía, si no se hubiera gastado más de lo que nuestras posibilidades nos permitían no habría deuda ni opciones de especular con ella, si no se hubieran emprendido obras megalómanas e inútiles hubiera sobrado dinero, con el ahorro nacional, para nuestras necesidades básicas, si no nos hubieran hipotecado para enriquecerse ellos no tendríamos nosotros que pagar ahora la factura.

Toda una historia de traiciones contra los intereses del país y de los ciudadanos que, por lo que todo indica, va a quedar totalmente impune.