Skip to main content

La basura que genera la basura

Posted in

30-12-2011 - (Gallego) Al margen del desaguisado medio ambiental, parece procedente insistir en la tremenda estafa que el alcalde de O Irixo ha cometido contra sus vecinos. Estafa, porque él era consciente de que les estaba engañando, de que lo que proyectaba era una auténtica puñalada, un regalo envenenado, una porquería que nadie quería en sus proximidades. Por eso lo ocultó antes de las elecciones.

Tan consciente era de la traición que cometía y de lo venenoso del asunto, que lo mantuvo oculto hasta pasadas las elecciones porque sabía que se jugaba el cargo, de manera que la cosa fue llevada a cabo con premeditación y alevosía, con perfecto conocimiento del engaño que se estaba gestando.

Existe, o así lo creo, un precepto legal que establece que ningún delincuente puede beneficiarse de su delito. En este caso, como el engaño o la estafa parecen evidentes, también cabría cuestionarse la legitimidad del cargo obtenido por este sujeto mediante la mentira, la ocultación y el engaño.

No fue este una cuestión o un asunto sobrevenido tras las elecciones, que se haya presentado de improviso y que el alcalde se haya visto obligado a tomar una decisión que, en primer lugar y vista la  conflictividad del asunto, debería consultar con todos los vecinos – se suele hacer, pero nada democrático es que un alcalde decida, solo con sus ediles, algo que, a sabiendas, va en contra del deseo mayoritario de los vecinos, se trata de un acto dictatorial digno de otros tiempos y en los que se utiliza ilícitamente el mandato popular para llevar a cabo ciertos abusos que pretenden servir a intereses espurios - pero es que en este caso, la cosa no surgió de repente y tras las elecciones. En este caso el asunto era del conocimiento del alcalde hace meses, casi un año, mucho antes de las elecciones, y él  lo gestionó y proyectó con total secretismo, conocedor que era de su peligrosidad y del rechazo que produciría entre sus vecinos.

Es evidente que a ciertos gallegos les viene bien que le pasen cierto tipo de cosas puesto que su compromiso con el ecologismo es prácticamente nulo, la cantidad de personas que colaboran con dichas asociaciones insignificante y, a pesar de la evidente necesidad, cada día mayor, de que tales instituciones existan, suelen acordarse de ellas solamente cuando les ven los dientes al lobo. Entonces acuden presurosos a que les “echen una mano” o compren sus problemas y sus peleas para, una vez resuelto el asunto, volver a olvidarse de que dichas asociaciones necesitan apoyo y recursos, sobre todo de los ciudadanos, al objeto de poder seguir existiendo y ser independientes del poder político.

Estas gentes suelen ser víctimas del demagogo y del cantamañanas que les asegura que la caza regula las especies o acaba con la “plaga” de los jabalíes, se creen a pies juntillas que los ecologistas estamos “contra el progreso” cuando denunciamos cierto tipo de actuaciones y les parece mal que les digan que los biocidas contaminan el agua y que las bolsas de plástico colgadas en las huertas, además de no espantar a los pájaros, suponen una agresión para el medio ambiente.

Nunca se creen que alguien pueda actuar de forma filantrópica solo por apego a su tierra, suelen desconfiar siempre de que “algo quiere”, y al final, quien se “la mete”, es aquél que sabe engañarlos, el que les da la razón, el que asiste a todos los entierros solo para ser visto y el que les promete saltarse la ley para beneficiarlos a ellos. Como por ejemplo el alcalde de O Irixo, a quien llevan varias legislaturas votando sin percatarse del tipo de sujeto en el que confiaron.

Todo ello sin olvidar el individualismo y la codicia que muestran algunos, como en el caso del presidente de la comunidad de montes y teniente de alcalde, que solo piensan en el dinero que se van a llevar (y posiblemente en otros beneficios que solo ellos saben) y nada en lo que piensan sus vecinos, o en lo que tanto él como los demás van a perder por unos pocos euros, que ni siquiera son muchos, teniendo en cuenta los perjuicios tanto físicos como económicos, en su salud y en sus propiedades. De que la tierra, ahora sana y fértil que posee durante el efímero tiempo que dura su vida, y que asegura que "seguirá siendo de ellos", se la devolverán dentro de 30 años con millones de toneladas de basura y cenizas tóxicas enterradas bajo su superfície, una tierra envenenada por los siglos de los siglos. Suponemos que sus descendientes se lo agradecerán y lo recordarán con "cariño".

Este alcalde nunca se preocupó de modernizar su tierra, de crear condiciones para que sus vecinos pudieran vivir dignamente de la agricultura o la ganadería, como se vive en el rural de Francia, Inglaterra o Alemania. Igual que éste muchos otros, como los alcaldes  de Cea o de Melón que tienen a sus pueblos y su agricultura y ganadería abandonados al mismo nivel de hace 50 años, y así pueden ofrecer a los desesperados vecinos “parques industriales” o tratamientos de basuras porque “hay puestos de trabajo”, pero quienes en realidad se están beneficiando son ellos mismos de las subvenciones que reciben.

Lo que es inaudito es que tengamos un sistema político que permite que sujetos como éste sigan libres y ostentando cargos públicos cuando se ha demostrado que ha falseado sus intenciones, ha traicionado a los vecinos, les ha engañado y les ha ocultado asuntos fundamentales que él estaba promoviendo en su propio beneficio y en detrimento de la salud, el patrimonio y los intereses de los vecinos.

Creemos que cierto tipo de comportamientos deberían estar previstos en el código penal ya que los cargos públicos tienen como obligación inexcusable el velar por los intereses de sus ciudadanos, todos sus actos y resoluciones deben ser tomados contando con el apoyo mayoritario de los mismos y, en caso de duda, su deber es consultar a sus vecinos para no actuar precipitadamente y en contra de los intereses o deseos de la mayoría.

Muy por el contrario, el sistema político de este infeliz país parece más bien pensado para manipular a los ciudadanos, para someterlos, explotarlos y para defender intereses que no son los de la mayoría. El único acto democrático que existe, es que podemos elegir al gobernante que luego nos va a traicionar, entre un pequeño conjunto de candidatos normalmente, y de antemano, ya al servicio de otros intereses que no son los de los ciudadanos y, una vez elegidos, parece que pueden actuar contra lo que se espera que hagan, o sea, que la supuesta legitimidad otorgada en las elecciones parece ser que les autoriza a la traición a sus votantes, ciudadanos o vecinos.

Si nuestro sistema político fuera una democracia real, y no un sistema corrupto encaminado a favorecer intereses espurios en contra del interés y del bienestar de la colectividad, actos como el llevado a cabo por este individuo - y muchos otros tomados por gobiernos centrales en contra del bienestar y los deseos de la abrumadora mayoría de los ciudadanos, como meternos en guerras que al final tuvieron como consecuencia atentados terroristas con docenas de muertos inocentes que deberían pesar sobre sus conciencias, en el caso de que la tengan - no se hubieran llevado a efecto, ya que, al estar previstos en el código penal como traición, sus autores hubieran sido obligados a dimitir inmediatamente de sus cargos por haber accedido a ellos de forma fraudulenta, o por haber traicionado sus obligaciones de defender a los ciudadanos, serían detenidos por falsedad, corrupción de los valores democráticos, por atentar contra la democracia y el bienestar de la sociedad que deberían, y muchas veces juran, defender.

Si tan seguro está este hombre de que  los vecinos apoyan mayoritariamente esa tropelía que lo someta a una consulta popular y que los vecinos decidan.

Hacerlo de otra manera es un auténtico insulto a la democracia, a la honestidad, a la decencia y a la legitimidad de su cargo.

Cualquiera puede suponer que no solo ha traicionado y engañado a sus vecinos sino que además lo hizo en beneficio de sus intereses particulares (sería absurdo pensar que se ha expuesto a semejante indignidad a cambio de nada), del de sus amos, de su partido y de quienes pretenden quitarse un problema de encima mediante el procedimiento de endilgárselo a quines menos responsabilidad tienen en la generación del mismo, porque no se atreven a que se hagan cargo del problema los mismos que lo han generado.

Les ha jodido la vida, las navidades, la tranquilidad de los próximos meses y años, y el patrimonio a los vecinos de O Irixo y comarca. Les ha amargado la vida desde el día en que han sabido que una grave amenaza se cierne sobre su salud y el valor de sus propiedades, sobre el sosiego en que viven y sobre la tierra donde se criaron. Ojala la vida le devuelva a él, y a sus compinches, con creces, el daño que ha ocasionado a las gentes que debería defender y por cuyos intereses y bienestar debería velar.

A la vista de sus actuación resultan patéticas sus palabras a los vecinos pidiendo que “confíen en él”
(Paciencia .- El alcalde de O Irixo insiste en lanzar un mensaje de tranquilidad y paciencia a sus vecinos, pidiendo que confíen en él como hicieron durante estos 24 años al asegurar: «É un feito histórico para O Irixo»)
o que el proyecto “es beneficioso” para la zona. Si tan beneficioso es, falta saber la razón por la cual no informó a los vecinos antes de las elecciones. En primer lugar por la obligación que tiene de informarles de proyectos de este calado y en segundo lugar porque es la ocasión de debatir la procedencia o no de cualquier asunto de envergadura que afecte a los vecinos de la zona y cercanías.

No lo hizo porque sabia de sobra que era algo sumamente pernicioso, que estaba atentando contra los intereses de la gente y sabía perfectamente del rechazo que tal proyecto iba a generar, así que optó por ocultar sus planes y engañar a sus vecinos. Ahora pide que confíen en él, en un auténtico judas y sacan a la palestra a toda una serie de “técnicos” y “expertos”, o bien comprados, o bien estómagos agradecidos, o con intereses en el asunto, cuyas actuaciones tenían programadas desde que urdieron la puñalada, para que intenten “convencer” a las gentes a las que van arruinar salud y propiedades. Como si la gente fuera idiota.

De sus convicciones democráticas dan buena idea las declaraciones propias de todo buen cacique cuando, en forma de amenaza, coacción, advertencia y promesa, afirma que "Yo elegiré a la plantilla de la Sogama del sur". Y es que ésos son, al final, sus argumentos y donde la supuesta "bondad" del proyecto queda en evidencia, palabras y comportamiento de un auténtico impresentable, de esos que nos dan mala fama a los gallegos en el resto de España.

No es posible que la corrupción, manejos políticos barriobajeros o la codicia de un par de sujetos, sin el respaldo de la mayoría de vecinos del lugar y de la comarca, tenga legitimidad para imponer a miles de personas un atentado en contra de sus deseos, su salud, su tierra, sus opiniones y sus intereses.
Sería nauseabundo.