Skip to main content

El problema no son los controladores

Posted in

05-08-2010 - (Gallego) Ojala fuera y así pudiéramos caer sobre ellos con todo nuestro instinto justiciero y  dar la razón a los ministros y ministrillos que, a diario, nos bombardean con los privilegios, sueldos y buena vida  de ese colectivo.


Seria muy fácil, ya que efectivamente ganan mucho, si comparados con la situación a la que hemos llegado los demás trabajadores a causa de las políticas de esos mismos ministrillos. Los controladores, además, tampoco se han destacado en la defensa de los demás colectivos cuando a quienes rapaban las barbas era a los pilotos, a los limpiadores de aeropuertos y de aeronaves, a los responsables de equipajes, y a otros muchos colectivos a los que también “han metido mano” antes que a ellos, con mucha mayor facilidad y con mucho menos trabajo. Eso sí, según el gobierno de turno, las razones entonces eran las mismas, unos “vagos y unos privilegiados”, había que privatizar.


Vamos, como si solo pudieran ganar buenos sueldos los políticos y como si los demás ciudadanos no tuviéramos otra opción que, movidos por la envidia, desear la ruina de los que ganan un sueldo decente y tienen un trabajo digno, sin que se nos pase por la idea que todos debiéramos también optar a ese tipo de remuneración, en lugar de  los salarios de miseria que se están pagando.


Pero el problema no son los supuestos privilegios de los controladores, no. Como tampoco antes lo era la supuesta falta de productividad de trabajadores de otras empresas públicas. El problema se viene arrastrando hace décadas y no surgió de repente por culpa de los controladores, al igual que con anterioridad no fue problema de los trabajadores de Telefónica o de los trabajadores de Endesa, o de los de CAMPSA, de los de Caja Postal o RENFE, tampoco culpa de los trabajadores de Argentaria, ni de los que formaban las plantillas de los servicios municipales de abastecimiento de aguas, de los astilleros públicos o de Tabacalera.


Tampoco fue culpa de los pilotos de IBERIA, ni de los funcionarios, a los que les acaban de recortar el sueldo con el mismo tipo de campaña (“esos privilegiados que tienen puesto de trabajo fijo”), ni de los jubilados a los que han metido mano en sus pensiones.


Tampoco tendrán escrúpulos en utilizar el mismo e insidioso sistema - de hecho ya lo están haciendo- en el futuro, con la intención ya declarada de establecer el copago en la seguridad social (“los jubilados que pasan el día en los centros de asistencia porque no tienen nada que hacer”).


Ahora mismo acaban de destruir miles de puestos de trabajo en las Cajas de Ahorro, que comprarán los Bancos a bajo precio, al eliminar una banca pública y un competidor de la banca privada que también se dedicaba a obras sociales, cosa de la que la gran banca nada entiende.


Los pocos empleos que las grandes empresas no pudieron suprimir, se ha permitido que se trasladaran al extremo oriente, a países como Taiwan o China, donde el trabajo es prácticamente esclavo y paralelamente se les permitió que, los productos allí elaborados, se vendieran en nuestro País libremente, sin ningún tipo de arancel ni compensación para poder pagar el paro que tal táctica empresarial mafiosa generó.


Es por todo ello que sus encendidas campañas sobre los “puestos de trabajo” que, supuestamente, se van a generar cuando tratan de justificar cualquier tipo de barbaridad contra el medio natural o contra la calidad de vida de los vecinos – sea para un embalse una piscifactoría, un parque eólico, una planta de tratamiento de residuos, etc. – solo pueden producir, en el oyente bien informado, la indignación propia de saber a ciencia cierta los intereses ocultos que defienden  y su cinismo cuando apelan a unos puestos de trabajo que solo sirven de argumento pero que es lo que menos les importa.  Lo utilizan porque saben que han colocado a los parados al borde de la desesperación y esos mismos parados, incapaces de identificarlos a ellos como los auténticos culpables que son de su situación, aceptarán cualquier veneno, al lado de su casa, con tal de poder ganar el pan de cada día.


Es por ello que podemos afirmar que la culpa del actual problema, al igual que de los anteriores donde se destruyeron buenos empleos para poder privatizar empresas del estado rentables, la tienen los delincuentes parásitos que viven de nuestro trabajo y que se supone deberían velar por el bienestar de los ciudadanos.


Tienen la culpa porque, en lugar de velar por nuestro bienestar, lo que en realidad hacen a la perfección, y por ello están ahí apoyados por los poderes económicos, es hacerle el trabajo sucio a los poderosos con el aval de nuestro voto que, a falta de opciones honestas, no queda mas remedio que entregar a los fantoches, unos y otros, colocados y financiados por el gran capital. Condenando a los trabajadores a la precariedad, a los sueldos de miseria, al paro y a la falta de estabilidad en el empleo.


Se supone que esta pandilla de impresentables que viven en la opulencia y en la ociosidad, también eran los “fusibles” del sistema, que se cambiaban cada vez que ocurría una “avería” similar a la acontecida los últimos meses con la economía.


Los cambiaban, que no los castigaban o punían. Simplemente colocaban a otros, de la misma calaña, en su lugar y el sistema seguía su andadura en la suposición de que se había cambiado a los “gobernantes”. A los removidos se les destinaba a un cómodo puesto donde, escondidos en la discreción y fuera de la actualidad, gozaban de unas “vacaciones” más o menos duraderas, aunque siempre bien remuneradas, a la espera de que la floja memoria de la opinión pública olvidara sus fechorías y pudieran regresar a la “política activa”. Hay cientos de casos documentados.


Ahora ni eso hacen y los mismos que nos han enterrado en el más profundo de los pozos del déficit y la recesión, siguen en sus puestos, con toda la cara dura de que hacen gala a diario. Los mismos que nos enterraron parece ser que van a seguir en sus cargos y van a remediar la catástrofe que provocaron.


Pero a lo que íbamos, estos impresentables llevan décadas desmontando todas las empresas públicas rentables para entregarlas a sus amos, los grandes empresarios.


Previamente se deshacen de sus trabajadores, mediante regulaciones, que todos pagamos con nuestros impuestos, o se envían al paro, que también pagamos con nuestro dinero. Una vez eliminados los puestos de trabajo dignos, se sustituyen por máquinas o por subcontratas, con lo cual se gana mucho dinero, porque se ahorra en sueldos. De hecho, el último mes, a pesar de que el paro sigue en cotas asustadoras, la bolsa ha subido más del 12 por cien.


Como resultado de ese tipo de políticas hemos visto como los servicios que antes prestaban esas empresas públicas a precios razonables, en la actualidad se han encarecido hasta el latrocinio, la calidad ha caído por los suelos, los empleos fijos han desaparecido y las subcontratas con trabajadores eventuales se han multiplicado.


La consecuencia de este tipo de políticas son los 4.5 millones de parados quienes, por si acaso no sabían quien tiene la culpa de su situación, aquí queda una pista sobre quienes son y a quienes se deben exigir responsabilidades. Y no vale cambiar los unos por los otros, ya hemos verificado que se trata de los mismos perros con distintos collares y que sirven a los mismos amos y a los mismos intereses que, desde luego, no son los de los ciudadanos que pagamos sus insultantes privilegios y sueldos.


Las razones que se esgrimían entonces para privatizar aquellas empresas públicas, rentables y que, esas sí, ofrecían empleos dignos, son similares a las que se utilizan ahora para seguir en el mismo camino de destruir empleos de calidad y servicios públicos. Es decir, criminalizar a los trabajadores y denigrar a la empresa pública. A los primeros porque son unos “vagos” y las segundas porque son improductivas y solo daban “perjuicios”.


Todo eso obviando el hecho de que, no solo los precios que pagábamos por esos servicios eran sensiblemente menores que los que pagamos ahora, siendo la calidad bastante mejor, sino  que esconden astutamente el hecho de que antes, esas empresas, generaban cientos de miles de puestos de trabajo dignos y estables, con unos salarios decentes,  que permitían a sus empleados educar y criar a sus hijos, asumir compromisos económicos a largo plazo y dinamizar la economía.
Un beneficio inconmensurable para la sociedad y para los trabajadores, mucho más beneficiosa que cualquier tipo de dividendo que pudieran repartir, ya que el beneficio social era insustituible. Eso, sin contar los beneficios económicos que generaban para el propio Estado.


Todos aquellos beneficios, para la sociedad en general, ahora se los quedan unos pocos accionistas en forma de beneficios. Mientras, los trabajadores están en el paro, los empleos prostituidos, los servicios caros e impresentables y los empresarios frotándose las manos. Ahora vemos las consecuencias de aquellas promesas y aquellos engaños, cuando afirmaban que tendríamos más competencia entre proveedores, que los servicios se iban abaratar, que la calidad iría mejorar, etc.


Sospechamos que, al igual que ocurrió con otras privatizaciones, mucha relación con el supuesto problema de los controladores la tiene la próxima privatización de AENA. Una empresa en principio rentable pero que, en pocos años, ha sido objeto de un endeudamiento que ronda los 14.000 millones de euros a causa de las obras megalómanas en aeropuertos ruinosos, con dinero público, que ira beneficiar a quien se adjudique la licitación.


En los próximos meses asistiremos al mismo tipo de campaña contra los trabajadores de correos y en un futuro próximo contra los de la sanidad, la educación y los demás escasos servicios públicos que restan.

A los demás trabajadores, a los funcionarios y a  los jubilados, estos miserables, mercenarios del gran capital, nos han pisado nuestros derechos y nuestros salarios sin el menor escrúpulo. No teníamos defensa posible, ni medio alguno de presión. Los beneficios del expolio los están dilapidando, en los planes "E", alcaldes corruptos que los utilizan para enriquecerse en obras inexistentes o injustificables. Si los controladores pueden ganarles el pulso y hacerles probar algo de la humillación que ellos a diario ocasionan a los más diversos colectivos, tendrán el aplauso de una gran parte de la población que los soportamos.


Pero no pasa nada, España es campeona del mundo de fútbol, el pulpo Paul es amigo del alcalde de O Carballiño y estamos en el libro Guiness de los récords con el mayor plato de pulpo del mundo. Al menos no se habla de otra cosa.

Solo deseamos que, con este tipo de actitudes, no se esté icentivando o fomentando algo mucho mas serio que acabe con esta calaña toda en la cárcel o fusilados. No sería la primera vez y muchos intelectuales están alertando sobre el ascenso del fascismo que se propicia con la corrupción generalizada de las instituciones.