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Día mundial del agua - Una broma más.

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21-03-2010 – (Gallego) Hay cosas que no se pueden evitar, por muy de vacaciones que se pretenda estar.
Mañana día 22 de marzo está dedicado al día mundial del agua. Como no podía dejar de ser, nos invaden las campañas institucionales, políticamente correctas, para concienciarnos de que se trata de un bien escaso que debemos cuidar y ahorrar para que no se agote. Que cerremos bien el grifo de casa y que nos duchemos en lugar de bañarnos.

Nada se habla de los cientos de litros que se necesitan para fabricar una cocacola o las decenas de litros que se malgastan para producir un solo litro de agua mineral. Mucho menos se habla de prohibir la fabricación de tales artículos, que derrochan millones de litros de agua potable al año, o de la construcción de campos de golf, en verdaderos secarrales, para mayor deleite de las clases pudientes  y horteras.

La importancia que da el sistema a este tipo de problemas es equiparable a la que dan a otros semejantes a los que también se dedican “días” conmemorativos todo el año, sean los incapacitados o los niños del tercer mundo. Les importa un bledo.

Agua, así como otros bienes básicos, hay en abundancia, para todos y para todo, siempre y cuando se mantenga un equilibrio entre lo que se produce y lo que se consume.

Si tenemos una hacienda de 100 hectáreas que puede alimentar a cien cabezas de ganado,  parece sensato que deberíamos poseer en ella apenas 90 ya que pueden sobrevenir tiempos difíciles y además deberemos tener en cuenta que los animales, con sus excrementos, también inutilizan una buena parte del pasto.

Si pretendemos racionar algo la comida para mantener a 110 cabezas de ganado, no solo nos vamos a encontrar con el problema de que estarán mal alimentados sino que, en tiempos de escasez, pasarán hambre, además tendremos un problema añadido con los excrementos de esas cabezas de ganado extra, que inutilizarán aún más superficie de prado con sus excrementos, con lo cual la capacidad de producción bajará a menos de las 90 cabezas iniciales y razonables que tendrían cabida en un principio.

Aunque se trate de una perogrullada el decirlo, con el agua y con los demás bienes básicos de consumo que tenemos en la tierra, pasa exactamente lo mismo. Si pretendemos alimentar razonablemente a más población de la que es posible, gran parte de ella pasará hambre, además seremos muchos más a despejar nuestros desperdicios y nuestros excrementos en la red hídrica, con lo cual no solo agotaremos el recurso por consumo, sino que también lo haremos, o lo estamos haciendo, por contaminación de las aguas.

Para ejemplo de la importancia que da el sistema actual al problema del agua solo tenemos que observar la cantidad de villas y ciudades que arrojan las aguas residuales directamente a los ríos, así, a las bravas, sin depurar y en uno de los actos más incomprensibles e irresponsables que al día de hoy se están llevando a cabo contra un bien de primera necesidad. Ejemplos los tenemos bien cerca, donde podemos comprobar como se gastan mareantes cantidades de millones de recursos en “florituras” y obras demagógicas, mientras las aguas residuales siguen siendo vertidas en los ríos.

Otro caso sangrante del desaguisado que se urde contra este bien esencial, son los numerosos pueblos del rural donde se han instalado, a bombo y platillo, sistemas de “saneamiento”. Pequeños pueblos y aldeas donde se utilizaba el agua con el mejor de los criterios y donde la que sobraba del lavado de ropa era reutilizada para riego, ahora pueden permitirse el lujo de gastar a mansalva en lavadoras, lavavajillas, fregaderos, etc. Con la utilización de “modernos” jabones y detergentes, que se consumen en generosas cantidades, porque basta con apretar un botón o tirar de una cadena para que, “mágicamente”, desaparezcan por el desagüe.

Muy contentos están los paisanos con tales “adelantos” sin percibir que, lo que ellos tiran por el retrete, va a salir pocos metros más adelante, por medio de un tubo que surge de una fosa séptica colocada al final de la red de “saneamiento” y que vierte sus putrefactos residuos al regato del pueblo. Luego alguno se pregunta por qué antes había ranas, que cantaban por la noche, y ahora no.

Regato que, por otro lado, va a contaminar todos los demás ríos, ya que estos pueblos de montaña vierten en regatos que indefectiblemente van a parar a los afluentes de los ríos principales y finalmente a los propios ríos.

Es inconcebible que en pleno siglo XXI se tenga como algo lógico y natural que todos los excrementos de la población se pueden verter, nada menos, que en los regatos que alimentan al resto de la red hídrica, destruyendo en los mismos todo tipo de vida y envenenando todas las aguas superficiales en su mismo origen.

La actual política de recomendar ahorro a los ciudadanos, mientras se sigue permitiendo el crecimiento urbano descontrolado, el uso de agua para industrias derrochadoras, el envenenamiento de los ríos a causa de la desidia de la administración, etc. Nos está llevando a una situación de consumo tan desenfrenado y crítico que, llegado el caso de que se produzca un período de sequía prolongada y estando tan al límite de lo necesario para la población, podríamos llegar a soportar una escasez tal que, la falta de agua en esas circunstancias, llegaría a ocasionar peligrosos brotes de violencia para conseguir el abastecimiento mínimo esencial para la sobrevivencia.

En virtud de lo antedicho, lo más racional parece que sería mantener un cierto exceso de consumo que, llegado el caso, serviría como reserva para épocas de escasez, mientras que si exageramos el ahorro mientras se mantiene el consumo al límite no habría reserva alguna de la echar mano para épocas de crisis.

Así que, estimados lectores, sostenemos que la cosa va a tener que reventar algún día. Si ahorramos, como nos piden, y con ello permitimos que se siga fomentando el consumo para hacer negocio y para especular, el desperdicio, la producción de basura y de excrementos, la utilización masiva de un elemento esencial para la vida, para producir bienes inútiles como refrescos u otras futilidades, mejor será que gastemos cuanta más mejor, que entiendan de una vez que esto se tiene que acabar antes o después, así que mejor que se acabe pronto el derroche, el malgasto y que se tomen medidas para cuidar, de verdad, del elemento más esencial para la vida: El Agua.