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Cazadores, NO. Escopeteros.

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06-01-2012 - (Gallego)Viene a cuento debido a las impresiones que el pasado día 21 de enero y durante el campeonato gallego de matar zorros, hemos intercambiado con el periodista del programa “Ríos e Montes” de la CRTVG. (a partir del minuto 13:25).

Nos preguntaba si el ecologismo y la caza podrían unirse en una causa común a favor del medio ambiente. Y le respondíamos que era poco probable ya que hoy, en el monte,  ya no quedan cazadores y sí escopeteros. No era un ataque gratuito, y si el fruto de una realidad que tenemos más que contrastada  a lo largo de los últimos años y a la vista de los absurdos que se practican hoy en día en nombre de la caza. Y  nos explicamos.

Un cazador era un individuo de la especie humana que mataba animales para alimentarse. En algunos casos, en su respeto hacia la víctima a la que quitaba la vida para él poder sobrevivir, le pedía perdón por haberla matado.

El actual escopetero es un bruto, ignorante del comportamiento natural de la fauna, de la ternura y lealtad que cualquier animal es portador y que solo la gente sensible es capaz de ver, pero por la que ellos no sienten respeto alguno, de manera que podemos escuchar como insulta a sus víctimas, las acosa lleno de odio y se refiere a ellas como si se tratara de seres demoníacos, malignos y enemigos letales a los que vencer en legítima defensa.

El cazador, mataba por necesidad y para complementar su alimentación, mientras que el escopetero mata por diversión, porque es un degenerado cuya origen es el primero, que ha ido modificando las características primitivas del cazador hasta convertirse en un sujeto que mata por placer y por pasar el tiempo, sin que el actual “espécimen” tenga nada que ver con el original.

El cazador, no solo respetaba a sus víctimas, sino que nunca se le ocurriría matar más de las necesarias, y desde luego nunca pondría en peligro la supervivencia de cualquiera de las especies que le servían de alimento matándolas en masa o por competir.

El actual escopetero no solo mata todo lo que puede, sin respeto alguno y por mera diversión, sino que ha conseguido agotar, en su versión silvestre, todas y cada una de las especies que eran objeto de aprovechamiento cinegético, como el conejo, la perdiz, el urogallo, el faisán etc.

A un cazador nunca se le hubiera ocurrido salir al monte para matar cuantos más animales mejor, y mucho menos participar en un “campeonato” de matar animales. Mientras que el escopetero, como estamos viendo, no solo se siente orgulloso de ser el que más zorros ha matado, sino que, en su interesada ceguera, aún se cree la falacia, inventada y promocionada por la FGC que vive de esas actividad, de que con tales masacres mantienen a raya el número de zorros, nada menos. Se les puede acusar de todo, excepto de humildad.

El cazador era un ser inteligente que había desarrollado su sabiduría observando el medio donde vivía y del que vivía, el actual escopetero es un ignorante urbanita que poco o nada sabe del monte ni de la fauna, aunque existe también la versión rural de esta “especie” el cual debido a sus carencias cognitivas, a su indigencia intelectual y a su absoluto desierto cultural, se halla por debajo de cualquier tipo de crítica. Es el típico sujeto incapaz de hilvanar el mínimo argumento, por muy elemental que sea, y cuyo razonamiento básico es cuando dice que “había que acabar con todo".

Así se explica que el escopetero no sea capaz de ver como hubiera muerto de inanición en el caso de que su alimentación dependiera de la buena salud de la fauna y de su reproducción natural para mantener el número de individuos.

El cazador controlaba el número de capturas en función del número de individuos susceptibles de ser cazados, realizando un aprovechamiento sostenible.

Es escopetero es completamente ciego en esta cuestión e incapaz de ver que los animales que cazan tienen que ser sustituidos por animales mansos ya que, a pesar de que solo matan por diversión, lo hacen en tal cantidad que a sus víctimas les es imposible reponer el número de víctimas mediante la reproducción natural, razón por la cual ellos deben criarlos en granjas y soltarlos en el monte.

A un cazador no se le ocurriría salir a cazar, a un monte, dos años después de que los animales hubieran muerto achicharrados o asfixiados en un incendio forestal. Los actuales escopeteros lo han conseguido como una “enmienda sensata” (según ellos), propuesta por la FGC, a la nueva ley de montes de Galicia.

La ignorancia de este nuevo depredador del monte y de la fauna llega a tal punto que es incapaz de ver que, esa farsa que llevan a cabo, ya no es caza, y si un negocio que mueve millones, donde ellos son los paganos y los clientes. Un negocio que ha convertido al colectivo de escopeteros, a sus “conquistas” legales, y a  los privilegios que consiguen en la normativa - como poder circular con el todo terreno por el monte - en el mayor peligro para la fauna y los montes, pero que ellos consideran un “reconocimiento” al prestigio de su nociva actividad.

Así se explica que, mientras el cazador ancestral, al objeto de optimizar su esfuerzo, se proveía de los medios imprescindibles para cazar, gastando lo mínimo posible en recursos y en esfuerzo, el escopetero, por el contrario, es cliente de una especie de “boutiques”, por las cuales todos parecen haber pasado antes de salir al monte, al objeto de proveerse del uniforme y equipos que ellos consideran imprescindibles para salir a un rural por el cual, los que allí vivimos, circulamos a diario sin tal parafernalia de “complementos” innecesarios y absurdos.

De hecho, el cazador tradicional era sumamente discreto en sus incursiones, actuaba como un depredador natural, pasaba desapercibido, salía por la puerta de atrás para no delatar sus intenciones ni delatar su territorio de caza, vestía lo de todos los días e incluso, muchas veces, tenía su arma oculta en le propio monte.

El actual escopetero es el típico cantamañanas que se disfraza de guerrillero, da el cante para que todos lo vean, sale provisto de tanta parafernalia que es evidente su intención de “dejarse ver” y con ellas no tiene empacho en llegar a los pueblos y circular entre las gentes del campo que, vestidas adecuadamente y con normalidad, realizan sus tareas agrícolas viendo con estupor a esos ridículos urbanitas provistos de todo tipo de complementos, de ropa, y de absurda tecnología electrónica, con la que acaban matando algún conejo o perdiz de granja que les soltaron unos días antes. Igual que hacían con Franco en sus tiempos, pero en este caso para que sigan gastándose el dinero en tales “adornos”.

Como resultado, el balance de su actividad es que, para llevarse a casa como trofeo un conejo manso, se han gastado entre licencias federativas, ropa de camuflaje, botas, armas, munición, coche, remolque, perros, radio, etc. todo un Potosí, con los que solo consiguen predicar, a los cuatro vientos, su condición de "paganos" en el negocio de la caza, de ser los "primos" que financian la buena vida de los directivos del ramo.

Los actuales campeonatos de matar zorros no son sino una muestra más de la degeneración de la actividad cinegética, donde se mata por matar y sin necesidad alguna, por el solo gusto de practicar el disparo sobre seres vivos y verlos sufrir, sangrar y morir, para luego tirarlos a la basura, siendo el zorro la única víctima que resta en el monte y que se puede utilizar para tal fin.

Un pasatiempo propio de enfermos mentales, depredadores de la fauna y del medio natural. Crueles, insensibles e ignorantes, hasta el punto de ser ciegos a lo abominable de su actividad y al desprecio que generan en la opinión pública.

Las disculpas y justificativas para tamaña vileza rayan el ridículo al pretender que, con esta actividad, mantienen equilibrado el número de individuos, como si supieran siquiera contar o pensaran, cuando disparan, en tales fines altruistas. Y ya alcanza niveles de patetismo extremo cuando vemos la impotencia de estos matarifes para controlar, por ejemplo, el número de jabalíes. Especie que sí necesita ser controlada, y donde estos charlatanes, soberbios y arrogantes escopeteros deberían demostrar su utilidad medio ambiental, pero donde son humillados, años tras año, por el prolífico e inteligente jabalí, que se ha adueñado de los montes y dejado las cualidades “controladoras” y “ecologistas” de los escopeteros a la altura del betún.

Los zorros no necesitan que se les controle su población. No hay problema con ellos donde se realizan campeonatos, como tampoco donde nunca se hicieron. Por ejemplo, en nuestra comarca, donde se pretendió llevar a cabo el V Campeonato nacional de esta masacre y donde no se lo hemos permitido.

 

Actualización:

Noticia de hoy 07-02-2012 en la TVG.

El tipo de gentuza con la cual nuestras "autoridades" y "cargos públicos" se sientan a la mesa mientras que, a los defensores de la fauna, les envían a la Guardia Civil para que los repriman (a partir del minuto 16:15):

http://www.crtvg.es/tvg/a-carta/galicia-noticias-mediodia-235470