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Caza – Burlando a los agentes de la ley y arriesgando la vida de los demás.

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Disimulando17-10-2012 - (Gallego) A menos de dos semanas antes de que comience la temporada oficial de caza (menor) y tras dos meses ya transcurridos desde que comenzaron (el día 28 de agosto y en pleno verano) las batidas contra el jabalí, ya hemos tenido que recurrir a la Guardia Civil en tres ocasiones para que pusieran coto a los desmanes de los escopeteros que, para matar algún animal, sea como fuere, no dudan en poner en riesgo la vida de paseantes, conductores o vecinos que circulan tranquilamente por las “zonas de seguridad” donde se supone que los cazadores no deben ni siquiera acercarse.

El vídeo que hemos realizado sobre la tercera ocasión en que tuvimos que denunciar la temeridad de su comportamiento, se puede ver en este enlace, pero también hemos recibido amenazas y un intento de atropello, con el resultado de uno de nuestros perros herido (uno que además está ciego) tras ser golpeado por uno de sus vehículos cuando, en su frustración por ser descubiertos, condujeron el coche directamente en nuestra dirección a gran velocidad.

A falta de vigilancia y a pesar de las múltiples denuncias ante la Delegación de Medio Ambiente de Ourense, éstos temerarios escopeteros – que desprecian la vida de sus semejantes al igual que desprecian las de los indefensos animales que matan abusando de su superioridad, el número y la tecnología, donde cobardemente utilizan a sus fieles perros para que arriesguen la vida mientras ellos se mantienen  a cubierto – han sido sorprendidos por nuestras cámaras a primera hora de la mañana del día 30 de septiembre y por la tarde a las 18 horas, actuando en pistas asfaltadas, donde está totalmente prohibido e incluso a menos de 5 metros de la carretera nacional Ourense-Pontevedra.

Durante su “hazaña” mañanera fueron identificados por la Guardia Civil a la que contaron la “historia” de que no estaban cazando, apenas “acabando de llegar” y preparándose para “ir al monte”. Argumento que utilizan sistemáticamente cuando son sorprendidos en lugares prohibidos, arriesgando la vida de terceros, pero donde les resulta más fácil cobrar una pieza aún a sabiendas que lo hacen mediante la trampa y la ilegalidad.

Consiste dicho sistema en mantener el arma descargada en las zonas de seguridad, conforme manda la ley, o mantener el arma en el maletero del coche para, en eventualidad de que aparezcan los agentes de la ley por sorpresa, argumentar que “acaban de llegar” y que “no están cazando”, apenas “preparándose para ir al monte”. Dicha arma solo será cargada rápidamente si oyen ladrar a los perros avisando de que persiguen a un animal, con lo cual, el tiempo en que permanecen en la ilegalidad, se reduce al máximo ya que no tiene utilidad alguna mantener el arma cargada y dispuesta mientras no existe la inminencia de que van a tener que disparar.

DesaparecerLa distribución de los vehículos a lo largo de las pistas, separados tácticamente en trechos donde pueden visualizar al animal en huída, la sistemática presencia en las zonas de seguridad a cualquier hora y defendiendo el mismo argumento de que están “de paso”, las marcas de disparos en el asfalto, etc. demuestran claramente de que se trata de una treta infantil para burlar la vigilancia de los agentes y que su intención es aguardar al animal en las pistas y fuera de la vegetación, ya que es donde pueden avistar a sus presas y dispararle más cómodamente. El que pase un vehiculo en ese momento o de que un vecino circule por la carretera pensando que está seguro por tratarse de una “zona de seguridad” y acabe siendo víctima de sus desmanes y de su temeridad, poco les importa. El asunto es llevarse una pieza para caza y presumir de ella. La ética es algo que desconocen por completo.

El sistema (así como el riesgo implícito para todos los demás ciudadanos) ya lo hemos descrito numerosas veces, e informado de él tanto a los agentes de la ley como a la Delegación de Medio Ambiente. Suponemos que están esperando a que alguien fallezca, víctima de un disparo, para argumentar que “no sabían de nada” o de que se trató de un “accidente de caza” más. Guardamos los escritos para que ese día (que deseamos no llegue nunca) podamos mostrarlos como prueba de la inoperancia y la desidia de la administración para hacer cumplir las normas de seguridad en la caza, a pesar de las múltiples advertencias.