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Ancianos que mueren en la carretera.

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12-09-2011 - (Gallego) Inaudito lo que podemos leer en las notícias. Que quienes eliminaron el transporte público, los que nunca se preocuparon por potenciar el tren de cercanías, aquellos que arrasaron el patrimonio natural de Galicia y de España a base de construir caras, infrautilizadas e impactantes autovías al precio de 6 millones de Euros el kilómetro, los mismos que arruinaron España y su recursos, los actuales y los de futuras generaciones, creando una deuda monstruosa que nos va a costar sangre, sudor y lágrimas a los trabajadores para poder pagarla, le echen la culpa, de las consecuencias de sus actos, a los demás.

Esos que antes presumían de que éramos el primer país del mundo en kilómetros de alta velocidad y los primeros de Europa en kilómetros de “vías de alta capacidad”, seguirán mamando, cómodamente y pletóricos de insultantes privilegios, los últimos restos de la exhausta ubre de nuestros recursos públicos. Unos recursos que ellos entregaron a sus amos, para enriquecerlos más, realizando obras faraónicas donde se enterraron los frutos de nuestro trabajo, así como el de nuestros hijos y nietos.

Miles de millones en AVES a ninguna parte, inviables, caros, a 25 millones de Euros el kilómetro, lujos que no podíamos permitirnos pero que ellos nos restregaron en todos los medios como la gran aportación al “progreso” de España cuando eran futilidades ruinosas con las que ellos y sus amos se enriquecían y que nosotros, los trabajadores, los jubilados, los dependientes, los maestros, y también con el patrimonio del Estado, tendremos que pagar.

El fruto de los palurdos y analfabetos alcaldes que no invirtieron ni un Euro en modernizar el campo y la agricultura gallega, pero que invirtieron millones en asfaltar nuestras “corredoiras” y nuestros caminos tradicionales, para beneficiarse de unas obras que destruían nuestro patrimonio tradicional mientras la juventud abandonaba el rural por falta de futuro, los mismos que ahora prometen “puestos de trabajo” en polígonos industriales de los que llevan fabulosas comisiones destruyendo el medio natural en una orgía de asfalto y cemento abocado al abandono porque la crisis está cerrando empresas en todos los grandes parques industriales.

Porque ahora resulta que aquellos que nunca se han preocupado por el transporte de las gentes que viven en las aldeas, por el transporte de los ancianos que deben desplazarse desde los pueblos a las villas, a los centros médicos o a donde sea, los que no tienen condiciones de moverse a no ser que dispongan de un medio de transporte público cómodo, cercano y seguro, esos a los que ahora se les quita el dinero vendiéndoles coches “sin carnet” para obligarlos a matarse en la carretera como cualquier conductor más, ahora se ven criminalizados por los poderes públicos que buscan desesperadamente una cabeza de turco en quien delegar su falta de responsabilidad y su temeridad al no preocuparse por el transporte público, dejando a esta gente sin otras opciones y obligandoles a tener que depender del peligroso, contaminante e imprescindible, por culpa de ellos, transporte individual.

Ahora los responsables de tantas muertes debido a su corrupción, a sus intereses mezquinos y a su inmoralidad intentan culpar a las víctimas y a quienes tratan a diario con ellas, porque si aplican la norma estrictamente dejan a mucha gente sin condiciones de desplazarse a lugar alguno, dejan a los ancianos sin posibilidad de acudir al centro de salud, al lugareño sin poder ir al mercado o a la compra, al trabajador sin poder acudir a su trabajo y a los jóvenes sin poder salir de su pueblo.

Ellos son los culpables de esas muertes y no quienes conducen sin tener condiciones ya que lo hacen por necesidad. Una necesidad impuesta por esos fariseos que ahora se rasgan las vestiduras porque mucha gente con más de 65 años muere en la carretera.

Es la consecuencia de su falta de moralidad, de la corrupción que impera en este País y de la escoria que decide el destino de nuestros recursos y que en su día decidieron invertirlos en fomentar el negocio de sus amos, las constructoras, las petroleras, la industria del automóvil así como sus derivados.
Maldita sea su estampa.