Skip to main content

El agotamiento de la fauna como negocio

Posted in

26-04-2010 - (Gallego) Cazar, en el estricto significado del término y al margen de consideraciones éticas, cuando de una actividad del ser humano se trata, consiste en coger una escopeta (lo cual ya es utilizar una gran ventaja sobre los animales) llevarse un perro e intentar capturar un conejo, una liebre o una perdiz.

Cuando se emplea el término caza para vender artículos como todo terrenos, cartuchos, armas, ropas de camuflaje, artilugios para engañar a los animales, viajes, comidas, comercio local, efemérides y cualquier otro negocio que sirva para que determinado colectivo se deje el dinero en beneficio de determinadas empresas, ya no es caza, es un negocio.

Al amparo de dicho término y mediante la degradación del mismo, vemos como han surgido diversos colectivos, asociaciones, federaciones, etc. que, con la vista puesta en las generosas subvenciones que la administración otorga, – siempre con el fin último de favorecer los intereses económicos y despreciando, como siempre, los intereses colectivos, el medio ambiente y de la preservación de las especies, en aras del poderoso caballero – acuden presurosas a organizar eventos, inventar “deportes” u organizar “campeonatos” para beneficiarse del dinero de unos, las subvenciones de otros y de los dineros públicos.

Adjuntamos a este artículo un enlace (pinche aquí) donde se relaciona una serie interminable de actividades, organizadas por la FGC, con el fin de que el negocio de la venta de artículos de caza pueda tener continuidad durante todo el año y los aficionados a matar animales por diversión, no tengan que colgar la escopeta ninguno de los 365 días que lo componen.

Si entre los componentes del colectivo de la caza, que se consideran cazadores y no escopeteros, o entre los demás ciudadanos, que recuerdan los tiempos en que la caza era caza y salían con su perro y su escopeta, acompañados como máximo de un amigo, a pasar el domingo, creen que las orgías de muerte, invasión de gentes armadas, campeonatos de matar animales o cualquiera de las actuales atrocidades que hoy en día se llevan a cabo en nombre de la caza, tiene algo que ver con el tradicional uso que dicha actividad tiene,  algo debe estar fallando en nuestra especie.


Acábese con ese tipo de instituciones, prohíbanse las actividades depredadoras que fomentan, retírense las subvenciones que se les otorga, dedíquense los fondos que se otorgan a dichas instituciones “deportivas” a la recuperación de la fauna, regúlese la cantidad de cazadores por hectárea, inspecciónese los censos que presentan los tecores, vigílese la práctica y las medidas de seguridad en el monte, aplíquese la ley de caza y destínense agentes suficientes para vigilar, en definitiva, preocúpese más la administración por nuestra fauna y nuestros montes y menos por el beneficio de las empresas que viven de la desaparición de la vida en el campo.

Se supone que a eso deberían dedicarse quienes nos administran.