11-10-2009 - (Gallego) El sábado día 10 de octubre se organizó una batida “de jabalí” en la parroquia de Ribadetea, ayuntamiento de Ponteareas. Por lo visto se había autorizado a causa de los supuestos daños a las cosechas producidos por este suino.
Excusado decir que raramente se verifica, como es preceptivo, por parte de los agentes forestales, que tales daños sean reales y se confía en la “palabra” del solicitante de batida, quien suele ser un cazador rápido en el gatillo e impaciente porque comience pronto la temporada de caza, al objeto de dar rienda suelta a su afán de abatir animales que a nadie molestan y por el contrario, nos proporcionan el placer de verlos circular y dar vida a nuestros montes.
Curiosa también esta especie denominada guardias forestales. Se les suele ver a menudo conduciendo relucientes todo terreno, con sus impecables uniformes color verde y sus brillantes botas, a camino de ignotos lugares que desconocemos pero que, desde luego para los que lo frecuentamos a diario, sabemos que no se trata del monte.
En raras ocasiones, cuando tenemos la oportunidad de verlos en el momento de apearse de sus vehículos, portan carpetas de papeles, normalmente en las proximidades de los distritos forestales a los que pertenecen o en los alrededores de la delegación de su Consellería correspondiente.
Nunca he tenido el placer de verlos en el monte, con las botas manchadas de barro o con el traje mojado de sudor. Solo se les avista en la carretera general y en gestiones que se supone son administrativas dada la escasa repercusión que en su vestimenta y vehículo tienen sus misiones.
Como íbamos diciendo, ni se verificó que realmente existían daños ni tampoco se balizó el lugar para información de paseantes despistados, ni siquiera se personó el servicio del Seprona de la Guardia Civil como consecuencia del aviso que obligatoriamente se debe cursar a ese cuerpo avisando de la batida.
En un momento determinado de la cacería salta a la alarma, disparada por los perros que, repentinamente, rugen y batallan, al mismo tiempo que se oyen gritos de alguien que reclama auxilio.
Acudieron raudos los componentes de la cuadrilla, que escucharon los ladridos y gruñidos de los animales, quienes, supuestamente y por la experiencia acumulada, deducen que sus canes se deberían hallar en feroz lucha contra un posible macho de considerable tamaño, tal eran los sonidos de batalla procedentes del lugar donde se hallaba la jauría.
En ristre los rifles de caza mayor - capaces de alcanzar los 3 quilómetros de distancia, durante cuya trayectoria la bala puede atravesar varios pueblos e innumerables carreteras, pero que, incomprensiblemente, se autoriza su venta y uso, a pesar de que las distancias de seguridad para disparos de caza siguen siendo de 50 metros a vías públicas y 100 metros de poblaciones, establecidas cuando solo existían escopetas, cuyo alcance no va más allá de los 100 metros – acuden prestos al lugar donde se libra la encarnizada pelea por la sobre vivencia, en la que suelen salir destripados varios perros, dispuestos a rematar la presa que éstos habían acorralado.
Lo primero que avistan es a un desesperado vecino que grita y señala en la dirección del tumulto, mientras se rasga las vestiduras ante un acontecimiento que los avezados “controladores de la fauna” no alcanzan a visualizar ya que la vegetación se lo impide.
Se acercan precavidos del posible riesgo, armas en ristre y actitud decidida al lugar de cruento alboroto y comienzan a distinguir los jirones blancos, mezclados con sangre, de un material, infrecuente en tales lides y que, a primera vista, no consiguen definir.
Cuando ya alguno más inquieto se hallaba a punto de descerrajar un tiro en medio del embrollo, con la intención de resolver, por el método expeditivo con que suelen hacerlo, la porfía en curso, es cuando otro de los componentes del grupo armado se percata de la realidad de los hechos y de la presa que los perros destrozaban a dentelladas.
Se trataba de una oveja, propiedad del infeliz pastor quien había comprobado, desolado e impotente, como los perros perseguían a su res la cual, asustada por la presencia cercana de los perros, se había desgajado del grupo y había emprendido la huída por su cuenta, siendo como consecuencia motivo de la atención de la jauría que vagaba por el lugar, la cual prestamente salió en persecución, acoso y muerte del animal.
Éste fue el resultado de la saludable jornada de hermanamiento, disfrute del campo y ecológico control de la fauna por parte del gremio de escopeteros, quienes pretendían librar o los pacíficos agricultores de los efectos dañinos del jabalí.
Por cierto, una misión estéril, teniendo en cuenta que, en esta época, ya están casi todas la cosechas recogidas, aunque algún vendimiador rezagado aún se arriesgará a que le den un tiro a partir del próximo día 18 en que se inicia la temporada de caza 2009 - 2010.
Una oveja muerta cuyo precio, estipulado por el propietario, tuvieron que abonar a causa de la presencia física del mismo en el lugar de los hechos ya que, en otro caso y en ausencia de testigos, posiblemente no hubiera cobrado y el debe del desaguisado quizás se hubiera apuntado al pobre del lobo, que, como siempre, carga con todas las culpas.
Especial mención la segunda presa cobrada por el grupo de “batidores”, consistente en un jabalí que, una vez en canal, arrojó el considerable monto de 10 quilogramos. Como se puede adivinar un “enorme” y peligroso ejemplar capaz de graves daños a los cultivos e incluso, no lo dudemos, a las personas.
A la vista de los patéticos resultados de esta acción cinegética, supuestamente con vistas a “corregir” los hipotéticos perjuicios ocasionados por la fauna pero que, a la postre no solo causó más daños de los que pretendía prevenir sino que, además, resultó en un serio peligro para los demás habitantes de la zona, una molestia al resto de la fauna y una ruina económica, parece que debemos considerar la posibilidad de resolver los ocasionales daños de la fauna mediante la indemnización económica, en lugar del expeditivo, ineficaz y brutal sistema de las matanzas a tiros.
Incluso porque es fácil suponer que, lo que menos importa en estas “batidas”, es resolver problemas a los agricultores, constituyéndose más bien en una disculpa más para salir al monte a dar tiros fuera de la temporada de caza.
Véase si no el mes siguiente a la finalización de la misma, cuando se realizan los campeonatos de caza de zorro, justificados con la peregrina disculpa de “controlar” la población de los mismos. No se conoce bien las causas por las cuales la especie humana consiguió librarse de ser exterminada por la proliferación de zorros antes de que existieran estos campeonatos.
A la vista de lo expuesto, parece lógico reclamar una reducción drástica en este tipo de matanzas, batidas, recechos, campeonatos, etc. de nula eficacia, injustificadas, anacrónicas y totalmente impopulares.
Eso a menos que la rentabilidad económica de estas “gestas” resida en mantener boyante el oscuro negocio de la venta de armas, cartuchos, perros de caza, ropa de monte, todo terrenos y otra parafernalia que mueve ingentes cantidades de dinero, pero que acaba suponiendo un serio revés medio ambiental y ecológico.

"Batida de Jabalí"
Para tú información pseudo-defensor de los animales,los agentes forestales de Galicia en su gran mayoría nos matamos a trabajar para que domingueros como tú podáis salir a pasear los domingos al monte.Lo del todo terreno reluciente debe ser producto de tú imaginación o de las muchas horas que pasas viendo los reportajes de la 2,para que lo sepas los agentes del Servicio de Conservación de la Naturaleza conducimos en su gran mayoría todoterrenos con más de 10 años de antigüedad y lo poco que se compra nuevo son Suzukis Jimmy, el mejor todo terreno del mercado.Por cierto yo tengo asignado un Santana que no frena, que le saltan las marchas y llueve por dentro.
En cuanto a que no revisamos los daños es una gran mentira, para tu información en lo que va de año los agentes del Secona hemos hecho más de 2000 inspecciones por daños de jabalí,además de vigilar la pesca y la caza, capturar especies exóticas, informes de cortas y obras en espacios protegidos , recogida de animales heridos, censos de poblaciones,daños de lobo y un sin fin de trabajos en el que a mayores se nos asigna apagar incendios en verano.
Por cierto, durante 8 meses al año solo trabajamos un fin de semana cada 4 y los otros cuatro fines de semanas alternos (junio,agosto,septiembre,octubre)que es cuando tú estas en la playa cansado de disfrutar el resto del año de las casas de turismo rural.
En cuanto a las balas maratonianas de las que hablas, deja de ver películas de Steven Segal que te estás haciendo un flaco favor.
Luis Espiñeira.
Agente forestal.
Bien por ti
No te preocupes hombre, si lo que quieren es el puestito, luego ya se callan. Y si no hay puestito, una buena subvención para seguir viviendo del cuento.
Balas maratonianas
Amigo Agente, soy cazador y vivo en el campo, he visto su comentario y me alegra que vd. y otros muchos se tomen en serio su trabajo pero, en el fondo, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice el artículo. Tampoco he visto nunca a los guardias forestales fiscalizando la caza. Solo coordinando a las brigadas de incendios.
Recomendación de la Federación Española de Caza:
"NO se fíe de las distancias, ya que los plomos de los cartuchos y sobre todo las balas pueden llegar a distancias que no pensamos. Por ejemplo, el alcance de los rifles es muy grande, pudiendo llegar las balas a varios kilómetros". ( http://www.torcaces.com/almacen-de-articulos/seguridad-y-comportamiento-... ).
Ni cazador ni de campo
Ni cazador ni de campo ni usuario de rifle
Cazador
No uso rifle porque me parece un peligro, solo cazo con escopeta. Munición máximo del "5". Sobre alcance, discutalo vd. con la Fderación Española de Caza. Son ellos los que lo dicen, no yo, para eso le puse el enlace, para que lo lea.
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