La muerte silenciosa
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07-06-2010 – (Gallego)  La reciente noticia aparecida en la prensa,  de una fuente en la que se hallaron más de cincuenta sobres de raticida - junto con el cadáver de un animal, probablemente fallecido a causa de la ingestión del veneno - nos recuerda un asunto que ya hemos tratado con anterioridad y es la venta indiscriminada y sin control, de todo tipo de biocidas, venenos, herbecidas, etc. sin ajustarse a la ley y sin exigir que el comprador esté en posesión de la correspondiente habilitación para manipular tan peligrosos y letales compuestos químicos.


Debemos recordar que la normativa establece, entre otras cautelas, que quienes estén en posesión del carnet de manipulador de productos fitosanitarios deberán:

* Adquirir los citados productos en establecimientos de venta inscritos en el Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Plaguicidas y que dispongan de la autorización correspondiente para comercializarlos, firmando el Libro Oficial de Movimiento de Plaguicidas Peligrosos (LOM) en poder del establecimiento.

* Presentar en el momento de la adquisición el correspondiente carné de manipulador y firmar en el albarán o factura que han recibido copia de la ficha de datos de seguridad del producto adquirido. En el documento que quede en poder del vendedor constará el número del carné de manipulador del comprador.

A pesar de ello y de las numerosas disposiciones que regulan la manipulación, venta y reciclado de envases, parece ser que es una de las numerosas normativas que se hicieron en nuestro País para que nadie las respete y nadie vigile su cumplimiento.


Hoy en día cualquier agricultor puede entrar en un establecimiento que tenga a la venta dichos productos y adquirirlos libremente, sin que nadie le exija estar en posesión del dichoso carnet y tan siquiera que sepa leer o escribir.


Por otra parte, la relación de establecimientos que comercian con estos productos es cada día más numerosa, si antes se podían encontrar en tiendas especializadas, como herboristerías, jardinería, etc. hoy se pueden adquirir incluso en ferreterías y otros establecimientos que los exponen al público sin que al parecer ni el Seprona ni vigilante alguno de la Consellería de Medio Rural, se ocupen de poner coto al evidente abuso que se está produciendo en la distribución de tan letales productos que están causando la devastación de la fauna, sobre todo acuática, de nuestra Comunidad.


Es verdad que los envases de dichos productos están provistos de la correspondiente etiqueta que explica su utilización, dosis, peligros, etc, pero sucede que ninguno de los compradores habituales se dan al trabajo de leerlas, unos porque no las entienden y otros porque difícilmente alcanzan a distinguir las frases dado el reducido tamaño del texto.


Si a esto sumamos el hecho de que nuestros paisanos suelen denominar a tales productos como “medicinas” ya tenemos preparada la tragedia, puesto que no solo se mostrarán más que generosos en su utilización sino que, debido al pequeño tamaño de los envases y considerando que “más vale pasarse que quedarse corto” serán más que propensos a pasarse en la dosis.


No debemos olvidar tampoco la arraigada costumbre gallega de aprovechar todo lo que sobra, de manera que a la vista del pequeño contenido adquirido y en base a que las “medicinas” son algo bueno, no hallarán objeción a vaciar todo el contenido del frasco en el pulverizador.


Ni que decir tiene que la preparación y el abandono de los envases suele realizarse a orillas de los cauces fluviales, para mayor comodidad y para no tener que transportar el agua, con lo cual se acaba castigando a las víctimas más sensibles a estos productos, es decir la fauna acuática con repercusiones en el resto de la cadena alimenticia del resto de la fauna.

Creemos que se debería tomar en serio de una vez por todas el gravísimo problema que la venta y utilización de estos productos representa para la flora y la fauna silvestres y llevar a la práctica una normativa que nos vino recomendada por la Unión Europea con la finalidad de atajar la elevada tasa de envenenamiento por el uso de estos productos cuyos efectos pasan desapercibidos al poco informado labrador, pero de cuyas  consecuencias deben ser advertidos por las autoridades y su utilización sujeta a las restricciones legales.
No es asunto de menor importancia.

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